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15 de agosto 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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El «día después» no vino con reacciones inmediatas, y notorias, bajo el brazo de los operadores. Lo que se verificó el lunes, después de la amplitud mediática mundial acerca del « salvataje» de los bancos centrales, es que la oferta no se sintió en calma. No volvió a sus casillas, sino que salió a seguir colocando posiciones y aprovechando que la demanda se había visto más dispuesta a creer en que todo estaba resuelto. Decíamos al respecto, brevemente en el comentario diario, que ya han quedado muy lejos los tiempos en que la sola mención de la aparición de entidades al rescate, o la voz cantante de algún personaje notable en las finanzas era todavía más importante que el dinero inyectado en sí mismo.

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J.P. Morgan, legendario y polémico personaje, resultó una de tales figuras líderes que, con solamente reunirse con algunos colegas y hablar de salir a calmar las crisis, las calmaba.

¿Y ahora qué se tiene, más allá del simple dinero? Una Reserva Federal devaluada, que es capaz de venir tapando situaciones y desoír las señales de alarma que le van llegando. Una industria de la inversión que gira en torno de los mercados y donde los mensajes que articula van siempre en el sentido de armar un lazo para el común de las personas que crean en ellos (más allá de sus propias clientelas). No hay figuras prominentes, acaso un Greenspan pudo haber sido la última de esta época moderna.

Los notorios no lo son públicamente. Mantienen un bajo perfil y sólo surgen periódicamente, pero no ejercen poder de arrastre. Queda el dinero. Que es el único dique que se le pudo colocar, de verdadera «última instancia», a los tremendos desaguisados que se han ido conociendo -y reconociendo-en cuentagotas.

¿Existe una estimación seria del enorme agujero negro que se creó y que se dispersó de uno a otro continente? No la hay. Porque lo que puede aparecer no merece que se le deposite mayor confianza de que sea la realidad.

El lunes se vio que la soga está muy pesada, aunque se ha cumplido parte de las condiciones virtuales que se les han exigido a los rehenes de todo esto: los gobernantes y funcionarios que salieron a anunciar esas tremendas cifras, sin siquiera poder evaluar hasta dónde esto no dañará de modo colateral. Por ejemplo, a las medidas que se habían ido tomando para evitar el riesgo inflacionario en Estados Unidos y Europa, en el mundo mismo. El bombeo de más mensajes mediáticos -de bancos de inversión y entidades afinesprosiguió con su tarea de lavar el temor de las mentes de la oferta. Pero, parece que hay más gente desconfiada en que el mensaje resulte como los otros: decir que ya todo ha pasado y poder -ellos-colocar más posiciones. (Sin embargo, todo parecía encaminarse a poder armar alguna reacción más entusiasta y que devuelva algo de calma.) Pero sólo por ahora.

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