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26 de noviembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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¿Notó el lector lo mismo que nosotros? Cómo se han puesto en fila, delante de la caja de dineros públicos, representantes de los más variados sectores. No pasa día sin que los medios informen acerca de peticiones que van desde la entrega de «dinero blando», creación de fondos especiales para financiar todo tipo de emprendimientos privados, o -directamente- hablando de «repartir la riqueza» y que «la paritaria social debe discutir la renta empresaria» (Carlos Heller, otro que posee un aparato medidor justo de cuánto debe ganar una compañía). De los sindicalistas ni hablar; siempre -aunque sea a los codazos-estarán primeros en la larga fila. Y ahora en un desdoblamiento que podría deleitarnos con dos organizaciones «del trabajo», a ver quién pide y saca más, compitiendo ferozmente con la otra. Una belleza este preámbulo al nuevo gobierno que asumirá en diciembre. Como decíamos, los empresarios juegan su propio pedido en la fila, anotándose para un reflotar del BANADE o de tasas bajas, o de todo junto. Sin embargo, dentro de un elenco siempre hay una figura que llega al máximo esplendor: de los pedidos y las ideas. Dieron la sorpresa los que siempre andan de perfil bajo, «los constructores», solicitando que se otorguen créditos subsidiados por el Estado «al estilo del viejo Banco Hipotecario estatal», destinados a la clase media (aquellos que eran a 30 años y que llevaron a la quiebra al Banco Hipotecario original). Y esto apareció juntamente con un fallo de la Corte acerca de hipotecas de los 80, que ya no serán pasibles de ejecuciones y que deberán recalcularse en favor del deudor. Ante ello, protesta bancaria -del Hipotecario- aduciendo que, en verdad, ya se había arreglado que existiría una «compensación» de parte del generoso Estado a la entidad (de mil a mil quinientos millones) para que todos sean felices tomando de la caja general.


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¿Estamos fuera de foco, o no es justamente por créditos blandos para compra de viviendas que Estados Unidos se ha convertido en un infierno actual? Un proceso al que se le conoce el final terrorífico y que ahora es pedido para implementar aquí. Con crédito blando, subsidios, largos plazos, la demanda se tensa, lo que escasea se encarece, los ya altos precios se van a las nubes. Los constructores, felices; los que no pueden pagar más no pagan, hasta que todo explota. Los depósitos bancarios no se hacen a más de seis meses y se quiere financiar a treinta años, con tasa blanda. Seguramente que si aquí algo no va a faltar es diversión surtida, arreciarán los pedidos para todo y las nobles arcas del Tesoro requerirán más «retenciones», u obligación de «repartir riqueza» y ver utilidades confiscadas. Si todos piden algo y se creen con derecho de repartir la caja, ¿por qué no nosotros?... debe ser la reflexión de moda en estos momentos. Y el concurso de proyectos va a resultar fantástico.

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