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20 de diciembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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Y en el fragor de los dislates de la economía internacional, fuimos postergando algunos « cupones» que dedicamos a una entrevista que la CNBC consiguió con Warren Buffet. No solamente que la misma, publicada semanas atrás, no pierde vigencia, sino que es por todo lo que ha venido rodando por los medios acerca de la crisis que transcurre que nos hizo recordar que lo de Buffet se nos había quedado postergado. Ya casi no falta nadie opinando sobre el tema de la crisis que persiste, hasta los economistas Premio Nobel se redactan sus regios artículos -y cobrarán todavía más regias sumas por sus notas-y la sensación que se confirma es que priva un desconcierto... que desconcierta. Y que mete miedo. Porque uno tiende a disculpar a personajes de épocas lejanas -como en la crisis de 1929- y que se enredaban y contradecían, al tratar de medir la magnitud del desastre. O que no estuvieran muy precisos en calcular dónde se llegaría con la explosión de la Bolsa de Nueva York, el gran hecho evidente que puso fin a los «locos años 20». Pero, aunque siempre se demuestra que lo que nos dice la historia del mundo es que nunca nadie aprendió nada, quedaba la esperanza que se contara ahora con mayores defensas, e instrumental, para prevenir nuevos desastres. Y si no se llegaba a la prevención, al menos poseer un cierto diagnóstico certero. Y una batería de antibióticos que fueran eficaces. Nada de esto ha surgido y el techo se nos cae encima entre palabras y palabras, profusión de «autopsias» que ya no importan en absoluto -es tarea de los historiadores hacerla-y búsqueda de qué columnas del andamiaje fallaron, para terminar con lo que pareció la «cadena de la felicidad» en el sector inmobiliario. Extendido a banqueros pletóricos, a casas de inversión eufóricas, a toda una masa de las entidades más emblemáticas y supuestas protectoras de la sanidad del sistema financiero mundial: viendo rodar sus activos y pidiendo socorro a gritos pelados. Por allí anda nada menos que Samuelson -Paul-diciendo que en realidad el esquema era bueno, pero que fueron los «excesos» quienes lo deterioraron. ¿Y cuándo no fueron los excesos los que sabotearon todos los ciclos, desde que el mundo es mundo? Vaya revelación de un Premio Nobel de tanta relevancia...  

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Y en medio de todo el descalabro de opiniones y de mensajes (hasta llegar a un Bush que dice que, después de todo, «la economía está bastante bien») nos acordamos de Warren Buffet y aquello de la entrevista. Usted pensará que él también dio su opinión, o solución, pero no. Todo se resume a lo que ya se ha visto tantas veces: el tipo exitoso que, en cuatro preguntas, transmite los « secretos» para hacer plata como la que hizo. Con esto hay un solo problema: además de seguir los consejos, le conviene al lector ser Warren Buffet. Ya entraremos en los pormenores de lo que dijo. Se terminó la columna.

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