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7 de enero 2008 - 00:00

Cupones Bursátiles

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¿Le gusta Keynes al lector?... Casi es como para decir que a quién no le ha gustado el pensamiento de uno de los economistas más brillantes del pasado siglo. Otra cuestión es dar por sentado que aquello que resultó de tanta utilidad al mundo, y en momentos muy difíciles de la historia, siempre resultará el pensamiento rector. Cuando nuestro hombre ya no está para reacomodar sus propias teorías a los nuevos desafíos que plantea el cambio impuesto, por un sinfín de problemas que corren paralelamente a la evolución -¿o a la involución?- del hombre, la política y la economía. En nuestro medio es moda decir que se pertenece a la escuela keynesiana, como para alcanzar alguna chapa prominente. Y hay muchos que suponen que solamente con fogonear la demanda o expandir el gasto público ya se está recitando a Keynes. Flaco favor le hacen a la memoria de semejante personaje, que ha quedado inmortalizado por mucho más que esos simples enunciados.

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Siempre, de grandes pensadores quedan ciertas reglas de oro que resistirán el paso del tiempo. Muchas veces los pensamientos de los grandes de la Bolsa los hemos reflejado aquí; con tanta actualidad lucen que parecieran haber sido emitidos la semana pasada. Y muchos otros principios sirvieron en su tiempo, en aquel contexto, para otros mercados y escenarios distintos.

Nos resistimos a creer que algo escrito muchas décadas, o siglos, atrás pueda ser salvado íntegramente en estos tiempos que corren. Tarea más útil, se nos ocurre, es separar justamente los enunciados que son atemporales y que van a las bases de la temática que involucran. Lo demás es para revisar, trabajo que el mismo Keynes -u otros como él- se hubiera tomado para ir acompañando el devenir de la historia y los nuevos aconteceres.  


Keynes, además de su lustre como economista, fue un hombre afecto a lo bursátil. Un capítulo entero de su obra principal está dedicado a manejarse con el mercado y hay allí principios que pasan indemnes, por más que los marcos y las herramientas hayan variado. Como ejemplo extraemos hoy una de sus certeras sentencias y de gran utilidad para los miedos que están prevaleciendo en el mundo.

Hará bien, haremos bien, el lector en tener presente esto: «El mercado puede permanecer irracional más tiempo que el que usted puede permanecer solvente...». Una belleza. Una realidad que casi todo inversor de riesgo ha podido comprobar en su carrera, en los momentos en los que el orgullo o la tosudez llevan a porfiar contra una tendencia hasta que ésta nos liquida. El «promediar a la baja» jugando todo el resto suele ser el sedimento más letal que hace verdad la sentencia. Y entronca con lo que es ley universal del juego o la inversión: con plata y tiempo no se pierde nunca a nada... Pero no es algo que los hombres puedan hacer al infinito. Diríamos: a Keynes lo que es de Keynes, en su justa medida. Y no como un Dios.

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