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20 de marzo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Empiezan los relevamientos sobre «qué hacer con la inversión durante la crisis». Chequeos sobre diversos ejecutivos -nuestro diario también lo hace- y recomendaciones para pasarse a los activos como: monedas duras, libras y francos suizos, o bien por fideicomisos, etc. Es tarde. Muchachos, es tarde. Todos estos consejos hubieran servido cuando la tormenta se estaba armando, no ahora, cuando las cosas están por el piso. Y cuando, justamente, se hace verdad la cruda expresión/consejo de: «Hay que comprar cuando hay sangre en las calles». Son momentos en los que, de modo metafórico afortunadamente, las finanzas están viendo que hay sangre en las calles de los mercados. Y no es para buscar ahora el refugio, sino para estar líquidos y elegir entre los activos que parecen no valer, por las circunstancias que se están viviendo. Y que recobrarán terreno más adelante. La fortuna de los grandes no se forjó en los momentos cumbre de los mercados, sino al haberse agachado a buscar las «perlas», las llamadas «pichinchas».

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Para cerrar el circuito que mencionaba Rotschild y develaba uno de sus secretos: «Comprar ovejas y vender ciervos». Es época de reunir ovejas entre lo que más se haya deteriorado, esperar -condición esencial- y cuando se produzca la mutación y esas ovejas de apariencia se transformen en majestuosos ciervos, llega el instante de devolverlos al mercado.  

La mayoría de los que ahora se suman a las voces trágicas, a la vista de las evidencias ya irrefutables, unos meses atrás todavía salían a vocear que la cuestión era un cimbronazo financiero focalizado, gobernable. Como cuando Paulson difundía que eso no pondría en riesgo a la «economía real». Hoy se dieron vuelta; sobre aquello que todas las personas están viendo -sin necesidad de relatos- cargan las tintas y aconsejan hallar trincheras.

Siempre igual, a contramano de lo que se debe hacer: vender arriba, comprar abajo. ¿Dónde estamos ahora? ¿Abajo? Entonces, suena más el clarín de la compra que el de la huida. De última, si persisten dudas en el inversor, quedarse tranquilo y ver dónde se instala un piso más o menos confiable. Pero siempre en la actitud ofensiva y no asumiendo una coraza.

En la Bolsa también hay un tiempo para vivir y un tiempo para morir, y ese cambio de estado se denomina «ciclo». Viene desde tiempo inmemorial el conocerlo, resulta el abecé de los mercados y sus tendencias. Saber moverse en los extremos resulta lo más difícil, pero también lo más suculento. Y es cierto que estando en lo mejor, es fácil obrar mejor. Pero en lo peor es fácil obrar peor. Y estamos en esto último, que puede ser todavía peor, pero para preparar el ataque y no la huida, con orden y disciplina. Parece.

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