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25 de marzo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Ya se alzan más voces, varias de gran lustre en el staff internacional, que están solicitando ajustarles los tornillos a los reyes de los derivados y la invención de fórmulas, que no poseen ningún límite formal. Hay que pedir por una nueva etapa y donde la «regulación» de los mercados -y las invenciones que lo han infectado- dejen de poner en serio peligro a la economía mundial.

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La «burbuja» es hoy la palabra de moda nuevamente, cuando parecía pertenecer a los textos históricos sobre Bolsas y finanzas, en estos días apareció adosada a todo lo que se reconoce como «commodities». Y los precios se han venido bamboleando, como si estuvieran formados por ebrios desesperados. La política adoptada por Bush y su entorno, decidiendo hacer llover dólares para poder lavar toda la mugre que se había formado, ya es evidente que dejará a la mayoría de los hacedores del desastre: a salvo de culpa y cargo. Muchos de ellos, haciendo un «negoción» entre el ida y vuelta: tal como se puede ver en los ciclos solamente de Bolsa y cuando los más avispados, colocan posiciones en la cima y la madurez de los índices, para después recoger nuevamente esas posiciones a precios de regalo y cuando todo estalla. Eso, pero expandido en una forma descomunal -imposible de contener en la mente humana- vino a resultar el volcán que entró en erupción y partiendo de la tan simple, tradicional, herramienta de dar créditos hipotecarios. Gigantesca maquinaria donde la hipoteca se transformaba en un bono, el papel tenía asegurado su mercado de distribución y cotización, pasaba por muchas manos e involucraba desde banqueros, a operadores de mercados bursátiles.  

Hasta el momento, las voces que solicitan volver a poner marcos rígidos a estas actuaciones: son todas de sector privado. No hubo avances en cuanto a que se muevan en tal sentido desde los centros de poder. Y esto parece ser un salvataje general, como si se tratara de ayudar a víctimas de una inclemencia natural, un meteoro que asolara sin que hubiera responsabilidades humanas.

Y aquí es donde la preocupación debe ser mayor ahora, mucho más si convencen y les sale bien con la trama urdida y con lluvia de dólares ensayada. Porque todo seguirá igual, mientras los responsables de esto comenzarán a imaginar nuevas audacias y con instrumentos aún más sofisticados. Y, obviamente, cambiando la materia prima objeto del activo a lanzar, para que toda la cadena se vuelva a prender en el negocio.

Regular, es la palabra clave, mucho más en una época donde la tecnología, internet, comunicaciones, facilita los procesos montados por los que arman estos desastres y miran para otro lado. Un mundo en riesgo, por una raza de atorrantes: sin control y sin límites.

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