«A los mercados los une el espanto», hoy sería una afirmación que no extrañaría a nadie. Muy pocos respiros, volviendo después a los ahogos y fijando una tendencia de 2008 que ya se lleva puestos casi ocho meses y no da señales de cansancio (la tendencia). La rueda del martes, y que marcó el reingreso del Merval tras el feriado, fue una composición de precios abollados, con apenas un hilo de volumen para las acciones. Conjunción que puede poseer un flanco positivo -si se lo quiere medir desde la ortodoxia y desde el libro de texto-y es el que señala que los negocios deben ir en dirección de los precios. Evitando la peor figura, que es cuando se produce una caída de valores y el monto transado aumenta más todavía. Pero, observado dentro de un escenario como el que se vive desde largo tiempo, la señal se convierte al negativo. Porque es como un mercado que cada vez se consume más, apagándose como una vela. Y teniendo al índice al borde de perforar los 1.700 puntos: igualmente el comprador no se siente tentado a aparecer y llevar posiciones. En síntesis, haciendo la imagen del «desinterés» y que -para nosotros- resulta la peor de todas, inclusive más funesta que la baja misma.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Llegado a ciertos puntos, un mercado ya no baja, se degrada. Y no resultan sinónimos uno de otro, sino que la «degradación» es figura que envuelve todo y va, en cada etapa, disolviendo un poco más a la de por sí raleada comunidad bursátil, como la que aquí tenemos. Esos $ 35 millones del martes quizás solamente fueron un símbolo aislado -que así sea- pero como los alfiretazos súbitos, que hace que todos den un salto, del susto que se llevan.
Y el mismo día, se hicieron casi $ 220 millones en el segmento de «cauciones». Comparar con los montos del día en el mercado, no resulta muy conducente. En su raíz son segmentos que se encastran, pero no son similares. En la «caución» está el aspecto de lo financiero, colocación y toma de dinero y un interés pactado, pero la entrega de títulos en garantía es una especialidad aparte. Y cada «caución» es una historia distinta, posiblemente la más complicada resulte la de quienes comprometieron posiciones, se apalancaron y esperando que el mercado «dé la vuelta», con la espada sobre la cabeza de que no vaya a decaer al punto de tener que poner en riesgo lo dejado en custodia.
En la cocina del mercado, muchas de esas historias se deben estar entrecruzando. Y también, en ruedas como la del martes se percibe la deserción en el sistema, quedando los recintos con escasos habitantes y lejos de los días más normales. Todo da vuelta algún día. No se sabe cuándo...
Dejá tu comentario