Si faltaba una demostración de que el país estaba ya en un aislamiento absoluto, el modo de cancelar la deuda con el llamado Club de París ( después de haber ensayado varias de las habituales estratagemas de estos años) resulta definitoria. Previamente, en otro vicio de este estilo de gobernar, aparecieron las «desmentidas» sobre que existiera intenciones de hacerlo (y como había titulado Ambito Financiero en su tapa). A los pocos días, explotó la noticia de pagar la deuda con reservas del Central.
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Cuando se hablaba de esto, también se mencionaba la posibilidad de reabrir el «canje», que, puntualmente, también fue desmentido. Hay que dejar sobre esto una luz encendida, porque parece que en la nueva etapa --indudablemente, obligada por la realidad-que ensaya este gobierno se van cayendo, una a una, todas esas montañas inexpugnables que había plantado Néstor Kirchner, en su trato con el mundo y los acreedores.
¿Qué discursos ensayarán los recalcitrantes que rodean al poder y que vociferaron tanto, apoyando la política del ostracismo argentino? En fin, ellos siempre tienen un modo de manipular los jarabes agrios, para hacer ver que degustaron algo que «estaba pensado».
Más allá de la novedad, que el martes ocupó la atención de toda la comunidad, lo más destacado fue notar la abulia como se tomó la especie en la Bolsa.
Como es natural en un sistema que tiene las cuerdas de un violín para marcar de inmediato, de modo sensible, los hechos de cierta resonancia para el país: era de esperar algo mucho más notorio, que ese intento solamente por el sector de los «bancos».
Inclusive en esas plazas, primero se tocaron evoluciones de importancia, que luego se redujeron a casi la mitad.
Quedó en la tarde del martes la posibilidad de que, tan tumefacto estaba el ambiente y la tendencia, primero había que descongelar los ánimos y recién en ruedas posteriores intentar verificar una reacción positiva, ante un hecho que posee todas los condiciones de las buenas nuevas. Porque, sinceramente, ver una medida drástica -en un pago-como la tomada y después de tanto destilar párrafos agresivos, contra organismos de crédito: no es de imaginarlo con frecuencia, en la línea seguida en estos años.
A la rueda del martes le habían dejado la mesa tendida para originar un «rebote» de esos que sobresalen mucho en un día (que después decantan solos) y estando el menú a disposición, el mercado se negó a comer. Tantas rarezas se han venido viendo en estos tiempos, en todos los mercados, que ni siquiera las actitudes clásicas, de alzas y de bajas, responden de manera automática a los estímulos. Quedó lo del martes: como una gran curiosidad en el año.
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