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8 de septiembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Cómo es posible que lo que saben todos los demás, los gobernantes no lo sepan. O no se den por enterados, aunque lo sepan. Desde siempre ha resultado esto un interrogante, en todos los gobiernos y en todos los lugares. Los que no ejercen el poder aparecen como muy clarificados sobre lo que debe hacerse para llevar adelante una buena gestión. Pero, al sentarse en la cabina de mandos se van apartando de la claridad y cayendo en oscuridades que los nuevos merodeadores del poder les remarcan desde el llano. Algo debe suceder cuando se suben a esa especie de «tren de las nubes», que parece apunarles la mente a los funcionarios de toda clase y escuela. Aquí, y ahora, se nos presenta el caso muy fresco de haber salido intempestivamente con la noticia de pagar -al contado- la deuda con el Club de París, pero quedando como un hecho extraño y aislado y un amago de entrar en razones que se desnaturaliza al no anunciar un conjunto de medidas que generen la idea local y exterior de un cambio en el rumbo.

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Luce así como un pago para no cambiar nada, solamente tratar de saldar una deuda y evitar que vayan a revisarles los números de la gestión. Demasiado caro para eso, demasiado desaprovechada la ocasión de haber creado una buena impresión -con un costo- y no añadirle otras señales que pudieran producir el efecto shock: el que cambia las expectativas racionales de los analistas y de la gente común. Esa bisagra que hace girar la dirección de las cosas y provee de oxígeno a un gobierno.  

Y así hemos visto de qué manera el anuncio de pago pasó como una noticia rutinaria, de poca monta, reflejado esto en la actuación del mercado respecto de activos argentinos de toda especie. Porque se habló de «un buen primer paso...», pero de inmediato se reseñan asuntos que se espera por una modificación y que permanecen como inmutables. Obviamente, el tratamiento estadístico, la manipulación de números del INDEC, la salida de funcionarios que generan polémicas y dudas sobre la transparencia de gestión no se han movido ni un centímetro de como venían antes.

Y entonces lo del Club de París cayó como una simple aspirina, suministrada a un cuerpo que tiene enfermedades para tratar con antibióticos. La Bolsa local y su tremenda tendencia poseen un gran componente importado, esto es indiscutible, porque el mundo tiene una de sus épocas más terribles de estos tiempos y los índices bursátiles se han derretido en todas partes. Pero, en lo que hace a componente local, se observa una apatía total por los activos. Y operadores que están aguardando señales estimulantes en grupo, no aisladas, para comprobar que se busca corregir lo que todos objetan -con razón- y arriba quieren seguir ignorando. Una oportunidad desaprovechada.

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