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18 de noviembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Mientras la Presidente lanzaba un discurso directo a la línea de flotación del sistema de AFJP, culpándolo de los principales males del país de la última década, por aquí y en torno a la ANSeS se seguía lubricando un extraño engendro financiero, y que lleva la sigla de «PGS». Síntesis para un kilométrico nombre total, que resulta ser: «Fondo de Garantía de Sustentabilidad» (?). Lo realmente peligroso es que se lo toman a pecho, y la pretensión es dar «sustentabilidad» a rajatabla. Metiendo mano en lo que es privativo de la economía en sí -lo que no es novedad, a partir de Moreno- y yendo más allá, interviniendo de modo activo, en las fuerzas del mercado.

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Queda claro que el sistema de AFJP no cumplió con los supuestos objetivos de su creación. Y decimos que eran los supuestos, porque en la práctica no se advirtieron efectos beneficiosos para lo bursátil. Más allá de que en el recuento de activos se da un listado, sobre porcentajes que poseían las entidades de acciones cotizantes, en muchos de esos casos solamente habían acopiado títulos y restando buena parte de la liquidez de esos papeles en la plaza diaria. Porque congelaban una porción grande del segmento que estaba dedicado a la transacción en Bolsa, fuera del grupo de control. Lo demás era atosigarse de bonos públicos, con todos los sinsabores que ello trajo a las carteras, por orden expresa del organismo oficial que supervisaba, y diseñaba, la «torta» posible de inversiones.  

Todavía resuenan las palabras sobre «los fondos previsionales no pueden estar a expensas del mercado», cuando ahora se va montando un aparato -dirigido por unos pocos que juegan de «iluminados»- donde irán a sustentar, o quitar el sustento cuando lo desean, apuntando con el dedo a todo lo que se les ocurra.

Esto puede resultar fatalmente más nocivo que la ineficiencia de las AFJP, porque ya con las intervenciones producidas en las ruedas de la Bolsa dan muestras de querer jugar activamente, y hasta a darse el gusto de modificar una tónica natural que se presenta. Cosa que también se ha podido ver, cuando en la hora final y de modo absurdo el Merval cambió de rumbo, se despegó del resto del mundo. Y quedaron desairados agentes de Bolsa e inversores, que habían obrado antes -en una dirección-viendo de qué modo lo que venía flojo se convertía en «firme».

También es peligroso para las empresas que alguna mano oficial acumule acciones en grandes cantidades y esto, después, se utilice como una amenaza. Vamos a una época mucho más complicada, con la mano oficial queriendo gobernar índices y tendencias según sus deseos. Burdo intento, pero dañino.

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