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24 de noviembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Da pena ver al índice local aterrizar en los 828 puntos, sin siquiera notarse algún conato de lucha en la barrera de los 900 puntos. Número redondo que siempre implica que surja una «resistencia», aunque después haya que abdicar. Esta vez pasó como un rayo el tajo vendedor, que llevó la marca a tales instancias, mientras seguimos viendo -y comentando-balances empresarios que, ni por asomo, dan muestras de estar mal, como sus cotizaciones bursátiles lo indican.

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Más allá de impresiones, sensaciones, es lo que nos queda del cotejo de la realidad: entre condiciones de los papeles y lo que se paga por ellos en el mercado.

Pero nos enseñaron desde los albores de nuestra incursión en Bolsa que «con el mercado no se discute». Los precios son ésos, lo que se anota en los paneles; si hubieran más compradores a precio mayor, eso se reflejaría en las cotizaciones. Y es verdad, no se puede discutir con los nuevos números entregados por la pésima semana transcurrida. Período en el que ciertas novedades corrieron por el mundo, hasta llegar a lo que suena como un absurdo: imaginar un 2009 con tasa «cero», para el dinero que se disperse. Ridiculez extrema, puesto que fue el dinero «barato» el que provocó los nuevos desvíos. Y si se trata de dinero «sin costo», solamente alentaría a nuevas audacias.

Dentro del sistema capitalista, la quiebra es el riesgo del negocio. Y si alguien quiebra, en sector apetecible, otra empresa vendrá a ocupar su lugar, para tratar de hacerlo mejor. Algo a lo que no se quiso resignar el gobierno saliente, pretendiendo con la impericia de un Henry Paulson que irían a cubrirlo todo y a todos.  

Por aquí también la gran preocupación en notar una caída del consumo, lógico o no, sería crisis, al tiempo que nuestra Presidente -muy lejos- solamente se preocupa de gestionar la visita de un mítico faraón. Se vivía un momento crítico en el mundo, pero mucho más por la mediocridad de los que dirigen y tienen el poder, que por los propios males aparecidos.

Pululan los buenos negocios -a cierto plazo- que se presentan en acciones. No en bonos, un verdadero activo desechable, pero sí en títulos que representan a sociedades que resultan la base del sistema económico. Si algo rogamos a nuestros lectores es que no crean nada de esto. Solamente vayan a chequear qué sucede con las condiciones de muchas acciones, respecto del precio «vil» a que se les vino condenando.

Es probable que nunca más se vean precios como éstos, disponibles -y en cantidad- para armar una cartera eficiente y esperar. Sentarse sobre los títulos, como muchos se sientan sobre el dólar, invirtiendo en vez de atesorar. Una es dinámica, lo otro es vegetar.

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