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4 de abril 2008 - 00:00

Demoran llamado a campo (buscan antes cicatrizar)

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Premonitoria obra de un pintor moderno sobre la situación del campo argentino: muchas nubes, brújulas por la necesidad de orientación y hasta la bisagra, que bien podría interpretarse como la unión de todos los productores desde el 11 de marzo, cuando se anunciaron las retenciones móviles.
Unos pocos contactos oficiosos, en términos boxísticos «de estudio», marcaron ayer el primer día posparo rural y perfilaron lo que será la nueva instancia de diálogo entre el gobierno y las entidades del campo luego de la tregua dispuesta por 30 días.

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«Actuar con prudencia zen», decían ayer en Casa Rosada sobre las expectativas de que las negociaciones tomen un ritmo vertiginoso apenas suspendida la medida y cuando comienza a normalizarse el abastecimiento de productos que escasearon durante el paro.

En el pulseo, la dirigencia agropecuaria dice que espera una invitación pública oficial a sentarse a la mesa mientras que el gobierno sostiene que hace falta un pedido de audiencia para retomar, formalmente, los contactos para discutir la agenda rural.

«Tenemos que ponernos a conversar rápidamente para ver cómo encontramos soluciones» al conflicto, dijo ayer por radio el ministro del Interior, Florencio Randazzo. Con ese tono, cursó una invitación perentoria: «No hay que esperar un minuto más», convocó.

  • Predisposición

  • Si se supera esa instancia burocrática, el diálogo abierto podría retomarse hoy. Existe, más allá de los matices, predisposición para hacerlo aunque reina una regla básica: se tratará, dicen, de mantener el contenido de la discusión bajo reserva.

    Todo se explica: la negativa del gobierno a aceptar discutir sobre la modificación de las retenciones móviles, punto que ayer ratificó elípticamente Cristina de Kirchner, podría detonar rápidamente el malestarde las entidades y, sobre todo, los autoconvocados.

    En Lanús, donde encabezó un acto, la mandataria dijo que un gobierno «debe escoger aquellas medidas que sirvan para distribuir el ingreso y hacer un país más justo y equitativo». Significó, en los hechos, una defensa del régimen de retenciones.

    El otro punto tórrido es el referido a los interlocutores que sentará el gobierno a la mesa de diálogo. Ayer, Néstor Roulet, uno de los dirigentes más aguerridos, envió señales de distensión al plantear que considera saludable negociar con Alberto Fernández.

    El jefe de Gabinete, que piloteó la fallida conversación del viernes pasado, se comprometió a participar de todos los encuentros con las entidades. Pero Fernández aparece como el garante político: «Es como si estuviera sentada Cristina», grafican.

    El ruido se produce cuando se habla del negociador técnico. Las entidades entrevén conflictos en el seno del gobierno entre el ministro de Economía, Martín Lousteau; el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza; y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

    Advierten, en el campo, que hay tensiones entre esos funcionarios, disputa que esconde un tironeo sobre quién «pagará» en el futuro mediato el error en que se indujo a la Presidente al establecer un régimen de retenciones que hizo levantar a los chacareros.

  • División

    Hay, quizá, un pase de facturas efecto rebote. En los últimos días, la Casa Rosada alentó la percepción de que las entidades rurales estaban divididas y que no tenían dominio de sus bases. Ahora, estas le devuelven los palos y dicen que el conflicto está dentro del gobierno.

    Como gestor, Randazzo ayer trató de sobrevolar esas tensiones. «Seguramente las organizaciones del campo solicitarán una audiencia y se pondrán a charlar con las partes del gobierno que llevan adelante la operatividad de las medidas», estimó el ministro.

    «Hay que esperar que baje la espuma: todavía duelen los dardos que las entidades y el gobierno se tiraron en los últimos días», argumentaban, ayer, en Balcarce 50. En silencio, en tanto, trabajaban para ordenar la negociación que podría iniciarse cuando Cristina de Kirchner esté en París.
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