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Hay trabas conocidas -y por muchos países aplicada- a la flotación libre de una paridad dólar-moneda local. Es, por caso, la intervención con ventas o eventualmente compra de divisas por parte del Banco Central para tratar de nivelar la paridad. Se llama «flotación sucia» la que deriva de tales intervenciones y es reconocida como legítima.
Pero es una restricción a la compra de dólares -y de un peso considerable y exclusivo de la Argentina- disminuir la demanda en una flotación cambiaria libre por el hecho de que el grueso de la base monetaria esté retenido por la fuerza del gobierno en el sistema bancario desde el 3 de diciembre pasado («corralito»). Son alrededor de 61.000 millones, de los cuales una cuarta parte está en pesos que, de no estar aprisionados, podrían presionar al alza al dólar. Esto acentuará el malestar en la medida en que la gente, si la cotización aumenta, se desesperará más contra el «corralito» al ver cómo no puede usar sus fondos y presenciará cómo se reduce su ahorro en términos de dólar.
Estas peculiaridades de la flotación desde hoy en la Argentina hacen que se hable de dólar «semilibre».
Con este cuadro general arranca hoy esta particular cotización del dólar libre en la Argentina. Habrá que saber que en definitiva hoy habrá 4 cotizaciones. Lo lógico de un gobierno -y más de éste, designado y no electo, carente de apoyo internacional y cuestionado por su dirigismo y populismo- es atemorizarse al salir de cualquier congelamiento económico. Eduardo Duhalde advirtió ayer algo cierto aunque con palabras de triste recuerdo: el que apuesta al dólar perderá. Es cierto que puede perder si el Banco Central descarga divisas sobre el mercado. Este gobierno tiene mucho más que perder que quien fuera ministro de Economía, Lorenzo Sigaut -autor original de la frase-, si una escapada alocada del dólar le encrespa los precios y lo encamina hacia una hiperinflación.
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