Si en la semana vemos que el Merval clásico se encaramó casi 11% sobre los precios del viernes previo sabemos, muy fresco, que ese día -en una sola rueda- el dólar evolucionó al doble. Obviamente, activo por activo y utilidad de manejo de cada uno, nada hay que pueda seguirle el ritmo a quien es refugio idóneo y clásico ante situaciones como las que se viven en nuestro medio. Buscarle peros al asunto -al dólar- queda reservado para los que discuten con el mercado, en el absurdo de gritar debajo de la avalancha de una tendencia que «esos precios no corresponden». Así ha quedado el propio Duhalde, que como frase de complemento a aquella sobre la cotización, aseguraba el viernes que la evolución del dólar no puede derribar a un gobierno: mmmm... (como vienen de aciertos, es peligroso). Al menos se enderezó sobre la marcha buscando asideros que tengan rasgos de lógica y no el comprar por comprar, como si todo activo accionario resultare valioso. Distinguiendo a una Atanor, o a Siderca, a Pérez Companc, se puede argumentar que el escenario les puede jugar de modo favorable, en función de la devaluación y de los productos que ellos manejan. La semana culminó con volumen efectivo, en pesos, rozando los $ 53 millones, aunque hubo $ 15 millones para los CEDEAR, de todos modos, unos $ 38 millones netos para acciones no está mal; por más que, al pasarlo a dólar, esto ahora se encoge a la tercera parte. Como se puede, es lo que hay, la semana fue peliaguda, se pudo rematar con gran evolución el viernes y extraer diferencias del recinto. Todo atado con alambre, esperando más novedades de calibre porque las cartas están echadas y el juego no parece favorecer la voluntad oficial...
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