A pesar que hoy en día tanto el tipo de cambio real oficial como el sector externo no muestran señales de “precisar” una devaluación, la presión sobre las reservas del BCRA es una señal de que el mercado cambiario se ha desbandado. Sin embargo, el Gobierno de Alberto Fernández busca, a troche y moche, evitar una devaluación. ¿Cuál es entonces la razón principal de esto? Con solo observar las últimas devaluaciones la respuesta surge claramente: en los últimos episodios los ajuste del tipo de cambio oficial mostraron niveles de traslado a precios (lo que en el argot económico se conoce como el “pass-through”) muy altos. Eso ocurrió tanto en enero 2014 con el binomio Kiciloff-Fábrega, en diciembre 2015 con Prat Gay-Sturzenegger, entre mayo y setiembre de 2018 con Dujovne-Caputo y en agosto 2019 con Dujovne-Sandleris.
Si bien en casi todos estos casos el tipo de cambio real que quedó a posteriori resultó más alto que el vigente antes de la devaluación, en todos luego se registró una aceleración inflacionaria. Hoy ese panorama no sería muy viable ni sostenible a nivel social.
¿Cómo fueron los pass through en cada uno de esos episodios?
En la devaluación de enero 2014, el ajuste fue de un 24%, donde el crawling peg era inferior al 3% mensual en la previa y luego pasó al 1%. Al cabo de tres meses la inflación –minorista- acumulada sobre la devaluación acumulada fue de más del 50%, en seis meses de casi un 80% y al cabo de nueve meses de más del 92%.
A fines del 2015, con la asunción del Gobierno de Macri, el ajuste discreto que se hizo fue del 54%, donde el tipo de cambio oficial venía ajustándose a razón del 1,2% mensual y luego pasó a 0%. En este caso el traslado a precios minoristas fue 24% al cabo de tres meses, del 56% en seis meses y al cabo de nueve meses la inflación acumulada sobre la devaluación acumulada fue de más del 60%.
Luego en la crisis de 2018, entre mayo y setiembre, el tipo de cambio oficial registró un ajuste de más del 90%. En esa oportunidad el ritmo mensual de devaluación venía al 2,5% y luego pasó al 1,2% aproximadamente. El impacto de esta devaluación sobre los precios minoristas fue del 40% en el acumulado de los primeros tres meses, de casi el 50% al cabo de los seis meses y del 55% en nueve meses.
En la última experiencia reciente, de agosto de 2019, la devaluación fue inferior al 40% (se venía con un ritmo mensual previo de 2,2% y luego se pasó a uno del 2%) pero en este caso el traslado a precios minoristas fue de más del 60% al cabo de los primeros tres meses, como de los seis meses y a los nueve meses.
Consecuencias
Los cuatro casos analizados muestran entonces que una devaluación de más del 50% (hoy la brecha cambiaria es de más del 100%) donde se pasó de un ritmo de ajuste mensual de más del 2% a la mitad posteriormente, implicó un traslado a precios minoristas de casi 45% al cabo de los primeros tres meses, de más del 60% a los seis meses y cercano al 70% en el acumulado de los primeros nueve meses. Aquí está la razón principal por la cual el Gobierno quiere a toda costa evitar devaluar, en un contexto recesivo, con alto desempleo y pobreza e inflación contenida.
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