La ficción del dólar libre en la actualidad

Economía

Comienzan los pensamientos y las dudas acerca de cómo será 2021. La primera pregunta, también relevante a los fines de disminuir la brecha cambiaria, es: ¿piensan las autoridades continuar todo 2021 con este esquema de tres dólares libres simultáneos coexistiendo y contradiciéndose mutuamente?

A medida que hay cada vez más elementos de juicio como para pensar en un fin de 2020 muy calmo en materia económica y financiera, comienzan los pensamientos y las dudas acerca de cómo será 2021. En principio luce un año económico bastante diferente a este. El Gobierno inicia el nuevo año con la decisión de emitir pesos lo menos posible y eliminar todo riesgo deficitario por parte del Estado. En esta misma tónica viene transitando los últimos 45 días, y le ha ido mejor que cuando no había decisiones de equilibrar ingresos y gastos estatales ni de dejar de emitir moneda. La mejoría parece tener inocultables vínculos con la real asunción del ministro Guzmán en su cargo, lo que realmente sucedió en octubre, y en el declive del poder del ex todopoderoso zar del Banco Central, Miguel Pesce. Porque, a fin de ser realistas es necesario tener en cuenta que no solo la decisión de limitar el déficit y la emisión fueron determinantes a la hora de normalizar el espeso caldo de cultivo financiero que había, sino que además había una imperiosa necesidad de modificar cuanto antes la serie de dislates financieros que emitía sin cesar el Banco Central. Los mercados -auténtico termómetro de la salud de la economía - venían tambaleando a partir de las sucesivas restricciones a la compra de dólares “contado con liquidación” y a la ampliación cada vez mayor de días necesarios para hacerse con los bonos desde el momento de la compra, a fin de poder venderlos. Y es que resulta muy claro que en un mercado en el que escasea y se esfuma cada vez más la oferta, o bien se le dan seguridades y facilidades para que se restablezca, o bien el precio -se trate del bien que se trate- volará por los aires. Y eso es lo que pasaba con el dólar. Había una demanda mínima garantizada por parte de los fondos comunes de inversión extranjeros que habían quedado atrapados en pesos y pugnaban por salir. A esa demanda mínima asegurada se respondía restringiendo más y más la oferta, factor que desesperaba más a los propios fondos demandantes de dólares. Así se estaba dando una espiral de nunca acabar. Al aumento en la demanda se le respondía con supuestas restricciones a la demanda que en realidad operaban como grandes disuasivos de la oferta y como incentivo de más demanda.

Ahora bien, si bien las principales decisiones de cara a 2021 son fiscales y monetarias, los aspectos financieros no pueden quedar de lado. La primera pregunta, también relevante a los fines de disminuir la brecha cambiaria, es: ¿piensan las autoridades continuar todo 2021 con este esquema de tres dólares libres simultáneos coexistiendo y contradiciéndose mutuamente?

La pregunta es relevante porque si bien desde inicios de noviembre las aguas se han calmado, las cotizaciones del dólar han quedado en altos valores que no marcan precisamente un renacimiento de la confianza, sino una aguda desconfianza. Esa desconfianza abarca a la política económica, pero no solo al fondo de la misma, sino también a la forma en que se aplica. Hoy no hay muchos casos de controles de cambio en el mundo. Pero entiéndase bien: no se trata de salir totalmente del control de cambios ahora, porque la economía argentina no está en las presentes circunstancias para un tipo de cambio libre y único y tampoco para uno fijo y único, sino que se necesita seguir subsidiando los precios de los alimentos y garantizándose también con contar con los dólares del superávit comercial al tiempo que no tiene sentido que sea barato comprar dólares para quien lo prefiere como mecanismo de ahorro. Por lo tanto, lo que hay que pensar seriamente es qué tipo de control de cambios quiere aplicar la Argentina porque no es lo mismo cualquiera. El actual sistema es ciertamente muy rudimentario y es muy poco probable que sea compatible con una alta y robusta tasa de crecimiento. Más bien es un obstáculo. Que haya tres valores diferentes para el “dólar libre” es un dislate máxime teniendo en cuenta que por ninguno de ellos el volumen puede ser demasiado importante, por lo que resultan más fácilmente manipulables. No se trata de mantener “pisada” la demanda de dólares haciendo un mercado lo más pequeño posible. Se trata de que haya un mercado para el dólar financiero y no que no lo haya. Cuando se discutía esto a comienzos del Gobierno del presidente Fernández se intentaba refutar la idea de un dólar financiero libre flotante con el argumento de que un dólar de esas características iba a incentivar que los precios se alinearan con ese dólar provocando así más inflación. Ese incorrecto razonamiento es propio de la conducción del BCRA que ponía traba tras traba, valla tras valla a la cotización libre del dólar en la secreta esperanza de -literalmente- destruir ese mercado, como si tal cosa fuera posible. Cuanto más restringido y limitado sea el acceso al dólar libre por cuestiones propias de su normativa, más alto será entonces el valor del dólar y por lo tanto mayor será también el aumento de precios debido al efecto que algunos precios puedan tener en simpatía con el dólar libre. Pero digamos que ese aumento de precios por otra parte, tampoco puede ser algo demasiado amplio y abarcador por la sencilla razón de que los precios se alinean con el dólar comercial y no con el libre por varias cuestiones. La primera de ellas es que en un contexto recesivo nadie puede poner los precios por encima del dólar comercial sin quedar fuera del mercado en forma inmediata. En segundo lugar porque la propia competencia, aunque más no sea imperfecta expulsa del mercado a quienes se deliran con los precios y en tercer lugar porque siempre está la posibilidad de comprar el mismo bien, pero importado. Quien dude que los precios se fijan en relación al dólar comercial debe recordar el garrafal error económico inicial de Macri cuando decidió liberar a fines de 2015 en la errónea creencia de que no había costos inflacionarios que pagar porque los precios -pensaba la cúpula de Cambiemos-estaban alineados al dólar libre. Tremendo error que hundió a la economía en 2016. Vale decir entonces que el gran temor, el gran recelo que las autoridades han tenido todo 2020 de un dólar financiero libre no es más que un “tigre de papel” contra el que no hace falta luchar. Este 2020 que acaba se pudo padecer este mal control de cambios, inadecuado por donde se lo mire porque como la pandemia afectó duramente el nivel de actividad durante semanas y meses enteros el nivel de transacciones del dólar financiero iba a quedar severamente afectado y durante largo tiempo el mismo fue inoperante. Pero ahora, una vez terminada la odisea de los fondos de inversión extranjeros “encerrados” en el mercado local y queriendo irse comprando dólares no hay causas ni excusas para no normalizar el mercado de cambios y adoptar uno que al menos pueda explicarse seriamente a inversores sin tener que ruborizarse por el hecho de que convivan tres dólares libres a la vez semilegales y semitruchos, que no sirven ni como instrumento útil para un mercado de capitales, ni para estabilizar, ni para crecer, ni para nada. Para nada de nada más que para crear la ficción de que hay un dólar libre.

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Walter Graziano y Asociados

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