13 de marzo 2002 - 00:00

Duhalde -12, Singh -2

Sin melodramatismo, podría exclamarse: ¡pobre Argentina!

El enviado del Fondo Monetario, Anoop Singh, y los 14 asesores que trajo se impregnaron del clima de Buenos Aires y aconsejaron por lo menos dos medidas no correctas en este momento. Singh le dijo ayer a Duhalde: «Deje flotar el dólar sin intervenir, lo que sea pero sincere la economía».

Si se sabe que el Banco Central no va a intervenir vendiendo divisas, ¿qué exportador va a liquidar sus dólares si con sólo esperar gana día a día? Singh debió posesionarse en la mentalidad de un país sin sistema financiero hoy, donde no hay otra alternativa de inversión para quien disponga de pesos que comprar dólares. Sube la divisa por más demanda porque la gente perdió la credibilidad en los bancos y no aceptaría colocarles dinero. Además, al comprar dólares resta demanda a la economía real y esto significa más quiebras, más recesión, más desempleo. La economía no se «sincera» con un dólar que aumentó 150% en 2 meses. Es exagerado.

Además, Singh insiste con los 6.000 millones de pesos en bonos provinciales. Son el único «aceite» que hoy tiene el engranaje económico con un gobierno incapaz de adoptar medidas de fondo. Monedas múltiples en circulación dentro de un mismo país es un atentado a la racionalidad, es cierto, pero no es hoy, en estas circunstancias, el momento de recuperarlas con pesos cuando ya se consumió en menos de un trimestre la emisión prevista en el Presupuesto para todo un año. Aunque con descuento de 7% a 10%, esos bonos pueden servir también para comprar dólares, en principio es una «moneda» no convertible a divisas.

Osea que el indio Singh comenzó a aparecer como severo en cuestiones en que tiene razón, pero ciertamente no se muestra como un economista macro frente a una crisis terminal como tiene hoy el país.

Pero admitamos que los errores -crecientes y diarios-de Eduardo Duhalde ya son alarmantes y se justifica que haya dicho «nunca supe de economía y no voy a aprender ahora». Para un país en default, una confesión presidencial así es patética. Porque además es cierta.

Cuando la totalidad de los países -inclusive los 7 grandes-que deben ayudarnos (y aún los que no pueden ayudarnos) se alarma por el accionar grotesco de algunos de nuestros jueces operando política e ilegalmente contra bancos, banqueros y empresarios, ayer (a la mañana) Duhalde salió a decir que «es tema de los grandes grupos empresarios».

No se puede esperar que el afán mediático, el lavado de pasados comprometedores o el quedar bien con la izquierda de algunos jueces hundan más al país en su peor crisis. No se puede esperar que estos zafarranchos jurídicos, como ya ocurrió, terminen solucionándose en la Corte Suprema. No hay tiempo. Si Duhalde supiera que en la Argentina ya se aplicó el veto aun en etapas procesales, podría dar un verdadero paso para ganar credibilidad en el exterior.

Ayer al presidente del Scotiabank, Alan McDonald, el inefable juez argentino Mariano Bergés lo tuvo declarando 6 horas por una denuncia de no haber devuelto a un ahorrista un depósito. Con estas actitudes -más el atentado a Roberto Alemann, más una fianza de 20 millones de pesos a un presidente de un banco, Peter Baumann, para dejarlo ausentar 4 días del país, y muchos hechos más-, avergüenza en el extranjero reconocer la argentinidad.

Este insólito Duhalde ayer también dijo (a la tarde):
«Es necesario recuperar la confianza del mundo y de los empresarios que van a realizar sus inversiones en nuestro país». ¿Es serio un gobierno así para un país quebrado? ¿No sabe Duhalde que ayer el dólar aquí subió a 2,50 (en dos meses y con un alza de 80% desde que pesificaron a $ 1,40) cuando en Brasil bajó a 2,33 reales? ¿Tampoco sabe que ellos tienen 0,36% de inflación en marzo y aquí nos proyectamos a 8%?

Es lamentable admitirlo pero en quienes fueron a la reunión del BID, en Brasil, existe el convencimiento de que Estados Unidos se desencantó totalmente de Duhalde. De hecho, ayer George W. Bush se negó a entrevistarse con él a solas -ni para una foto-el próximo 22 de marzo en Monterrey.

Estados Unidos se ubica hoy en algo que este diario describió con amplitud en la nota de tapa
«¿Dónde va Duhalde?». Allí se decía que el actual presidente pretende durar lo máximo posible sin tomar medidas de fondo, sobre todo en ajuste del Estado. Que no tiene vocación abnegada, como Adolfo Suárez en la España post Franco, de asumir el doloroso y antipopular costo de encaminar la economía para quienes lo sucedan en el gobierno. Si realmente pretende sólo durar lo máximo posible, tiene que realizar «maquillajes» de severidad económica para ver si engaña a Estados Unidos y al Fondo y le dan alguna ayuda, sobre todo lo tienta la del Banco Mundial para temas asistenciales. Su meta se muestra cada día más como la de quien, sin nada en camino para solucionar de fondo la tremenda crisis actual, busca irse con las banderas de que «defendí a los deudores, me volteó el Fondo Monetario por no ceder a sus designios, no me dejaron, ni a Chiche, implementar los planes sociales», etcétera. etcétera.

El mundo, y especialmente Estados Unidos, ve a Duhalde como un populista incorregible que se puso una piel de cordero encima y cree que así va a engañar y recibir ayuda. Una ingenuidad.

Lamentablemente, tenemos que ir pensando que Duhalde no va a cambiar, no va a venir ayuda del exterior y eso -que quizás a Duhalde le interese para seguir gravitando en política por años, como Alfonsín, con esas banderas populistas «truncadas»significará el fin de este gobierno designado. Claro que con dólar a valores insólitos, precios de combustibles y alimentos totalmente prohibitivos, desocupación superior a 30%, emisión de moneda descontrolada (el circulante de 10.000 millones trepó a 14.000 millones de pesos en dos meses), desabastecimiento, convulsión social, saqueos y víctimas.

Por eso, cabe la expresión: ¡pobre Argentina con esta clase política!

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