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13 de marzo 2002 - 00:00

Duhalde: "El Fondo dice que no, pero hay que usar bonos"

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La mención a «el indio» dio lugar para que Rodolfo Daer hiciera un informe sobre la ferocidad con que defendieron al gobierno cuando Singh los visitó, hace un par de días: «Le dijimos que la ayuda se necesita ya, antes de un mes, porque si viene tarde se incendia todo. Vos sabés bien, Eduardo, que si no te dan la plata pronto vas a tener una explosión social». Duhalde frunció el ceño, levantó la mitad derecha del labio superior y, tamborileando los dedos sobre la mesa, aclaró como si hablara para sí mismo: «Ya lo sé, pero yo no voy a reprimir». Como si advirtiera de golpe que había comenzado a confesarse, volvió en sí y repitió: «Ustedes no me creen, pero el 9 de julio vamos a estar festejando el final de la recesión. Crean en lo que les digo, aunque los estoy mirando a los ojos y noto que no me creen...». Como Santo Tomás, el «Gitano» Armando Cavalieri pidió una señal para confiar, y Duhalde la ofreció a medias: «Diego Guelar, ustedes lo conocen, el embajador en Estados Unidos, me dijo que la ayuda llega en un mes, que está todo arreglado. Bueno, en eso estamos. Yo estoy convencido de que en ésta no nos dejan solos, de que nos van a ayudar».



Luis Barrionuevo se montó sobre esa idea para contar lo que sucede en Catamarca, provincia a la que representa en el Senado nacional. Dijo que, pagándoles un poco más a los que levantan la cosecha, ya habría algún síntoma de reactivación, pero que para eso se necesita apoyo social. «Ya sé eso», lo interrumpió el Presidente: «Yo necesito que de las retenciones a las exportaciones vayan $ 150 pesos para 2 millones de personas y de esa manera evitar un estallido». Como Daer insistió con que un alza de precios «va a perjudicar a los asalariados y eso nos llevará a pedir aumentos de salarios», Duhalde alertó: «No se puede pedir una suba de sueldos de manera dañina, pero yo admito que la función de ustedes es pedir aumentos para mejorar el salario». Hasta los gremialistas quedaron sorprendidos con la afirmación.

Después, como si la charla volviera al comienzo, el Presidente interrogó: «¿Y el indio qué les dijo?».

Contestó, lleno de simpatía, Oscar Lescano: «Nos dijo que teníamos que evitar que los trabajadores retiren sus ahorros de los bancos. Vive en otro planeta y se lo dijimos. ¿De qué ahorro nos hablás?». Por primera vez, Duhalde abandonó aquel rictus del labio superior e insinuó una sonrisa. Lescano siguió: «El está preocupado por la confianza en el sistema financiero; nos dijo que hasta que no se levante el 'corralito' no se puede comenzar a hablar de nada seriamente». El Presidente asintió, pero volvió enseguida a su carril: «Estoy de acuerdo, y la gente de las cacerolas tiene razón cuando protesta. Pero hay otras prioridades, situaciones más urgentes. Imagínense, si el dólar se dispara y se va a $ 5, los precios de los alimentos van a subir a las nubes y entonces tendremos el problema social que queremos evitar. Por eso para mí es importantísimo frenar al dólar, frenarlo con fuerza para que baje a menos de $ 2. Lo del 'corralito' es cierto y en 90 días hay que levantarlo totalmente».

Carlos West Ocampo saltó hacia la política: «¿Qué pasa con el peronismo? ¿Qué pensás hacer?». El Presidente suspiró y dijo en voz baja: «El peronismo me dejó solo y yo me la aguanto. Cada uno tiene la excusa de su provincia y hace su juego. ¿A quién le voy a pedir algo? ¿A De la Sota, que tiene Córdoba al borde del incendio? ¿A Kirchner, que vive en campaña? Mi objetivo es llegar a 2003, con eso me conformo. Pero por ahora sé que voy a estar solo».

Lentamente, los jerarcas de la CGT fueron llevando la conversación hacia su propia demanda. Miraron al ministro Ginés González García -junto con el viceministro de Trabajo, Carlos Tomada, los dos únicos funcionarios que acompañaban a Duhalde-con cara de complicidad y se lanzaron: «Vos sabés que la crisis de la salud es alarmante. Las obras sociales están quebradas y con los bonos que nos dieron podemos pagar deudas de impuestos y previsionales sólo hasta enero de 2001. ¿De qué nos sirve?», se inquietó Daer. Duhalde consentía mientras Lescano comenzaba a lagrimear: «El gobierno tiene una deuda con nosotros desde hace años; no son dineros del Estado, sino aportes de empresas y trabajadores. Ya a Menem se los reclamábamos y él nos juraba besándose los dedos que la iba a devolver, pero nos dieron unos bonos que no sirven para nada».

El Presidente intentó calmar al jefe de Luz y Fuerza: «Está bien, no se pongan nerviosos, yo se los voy a arreglar. Pero créanme que no hay un peso partido en dos y por eso les pido un sacrificio». Barrionuevo contestó con el bolsillo: «Ustedes están emitiendo y además van a tener $ 2.000 millones del impuesto a las pesificadas, ¿por qué no sacás de ahí la plata para nosotros?». Duhalde: «No, no se pongan locos, no podemos joder con eso. Yo les voy a arreglar el problema, pero no pretendan que toquemos cualquier plata para cualquier cosa». Como si fuera el gong de un round, ingresó José Pampuro en la sala. Se paró en un rincón e hizo un gesto casi imperceptible ante el Presidente. Duhalde miró la hora y pidió disculpas: «Me encantaría quedarme con ustedes, pero ahora tengo que ver a un alemán que viene a visitarme».

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