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Sin embargo, ya el año pasado (o sea antes de la devaluación y la crisis que se desató en diciembre) habían decidido que era más barato mantenerlo cerrado y ponerlo en venta que abrirlo y operarlo. Durante meses estuvieron buscando interesados, sin encontrarlos, hasta que se contactaron con el mencionado grupo, que también tiene intereses en el negocio inmobiliario, el hípico y el vitivinícola/aceitero. Cuando estaba casi todo listo, convocaron a un economista -que alguna vez ocupó brevemente la máxima responsabilidad a nivel público de esa profesión-para que les pintara un panorama del futuro del país. La visión del economista fue tan negra que los potenciales compradores decidieron dar marcha atrás con la operación. El hotel sigue en venta.
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