Las medidas anunciadas ayer por el gobierno fueron recibidas con extrema cautela por los economistas, que advierten que la sostenibilidad de este plan dependerá de que las promesas presupuestarias del gobierno se cumplan y que se consolide la disciplina fiscal. Todos aprueban la unificación y liberalización del tipo de cambio, pero en cambio aclaran que el riesgo de la inflación existe. Las siguientes fueron las principales declaraciones a este diario.
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Hay un plato chino que se llama felicidad para todos. Este plan es algo así. Ahora habrá que ver el impacto fiscal de todas estas transferencias de deuda para saber si se va o no hacia un escenario de inflación. Por ahora, la Argentina inaugura el default de la deuda creando nueva deuda. Remes Lenicov es un hombre sensato que ha sido honesto y trata de hacer lo mejor que puede. Pero me parece que la tarea trasciende al equipo económico. Evaluar todas estas variables va a llevar un poco de tiempo: la sostenibilidad de la sociedad argentina no depende de promesas presupuestarias, sino del ajuste político y del ajuste del Estado en forma inmediata en una sociedad que está prácticamente destrozada. Se terminó con el tema de la dolarización y se optó por la pesificación. Yo hubiera estado a favor de la dolarización. Pero ya está, se tomó esta medida. El temor de esta solución es que se corre el riesgo de que termine en inflación. Hay un problema y es que el tipo de cambio no está libre porque, en realidad, hay controles a las transferencias financieras. Esto no es un tipo de cambio libre. El peso argentino no es convertible. El anuncio de que ahora habrá flotación esconde la realidad de que no se les permite a ciertos actores participar en este mercado. No hay numerario. Porque la cantidad del dinero está indexada, y el tipo de cambio flota a voluntad del gobierno. No hay un ancla y por eso hay peligro de inflación.
Me parece correcto liberar el tipo de cambio porque se corría el riesgo de perder reservas que se necesitarán más adelante. El valor del dólar bajará a $ 1,40 cuando la situación se tranquilice. Según la experiencia reciente de países que tenían un tipo de cambio fijo y pasaron a flotante, primero se dispara la tasa de cambio, pero luego cae, y lo puede hacer muy fuertemente. Si el proceso es normal, no debería estar mucho más alto que 1,40. Es muy posible que una vez que se adopte el sistema de cambio libre, el Banco Central participe en el mercado cambiario para intentar frenar el alza de la divisa norteamericana, pero lo más aconsejable sería que no intervenga. Desde un punto de vista técnico, la pesificación era inevitable. En la medida en que se va a adoptar un sistema de cambio flotante, es muy peligroso tener más de una moneda en la que se definan los contratos, especialmente los financieros. Pero pesificar las deudas 1 a 1 y los depósitos bancarios a 1,40 crea un agujero. Y si ese agujero lo paga el gobierno, somos todos nosotros, lo que quiere decir que va a tener que salir de impuestos. Si la gente se tranquiliza y no va al banco y deja su plazo fijo, instantáneamente se tiene un sistema normal.
Después de 25 días de devaluación, por lo menos se lanzó un programa completo. Hasta ahora suena coherente en el planteo. Pero hay que ver y monitorear lo que pase en el Congreso, con el presupuesto y que se cumpla con la emisión anunciada. Puede haber problemas con la compensación a los bancos por la pesificación de deudas 1 a 1. Esta pesificación es más coherente que la anterior porque pesifica todo y con un sistema de ajuste. Es una apuesta a recomponer el sistema financiero. La apuesta fuerte es el tipo de cambio. Era imposible mantener tantos tipos de cambio. Pero en próximos 60 días el gobierno va a jugar una gran pulseada para mantenerlo. Si la gente se sigue comportando como el viernes, todo el dine-ro se va a ir a comprar dólares, y no se va a poder sostener el peso. Pero para cambiar esta actitud, todo va a depender de la fortaleza que transmita el gobierno.
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