Las viejas reglas ya no rigen, pero las nuevas no han sido escritas. No hay un corpus que las identifique.
Los rescates en sí no han cesado -la Argentina recibió 5 mil millones de dólares a cambio de la vidriosa promesa del déficit cero en setiembre último-; Uruguay tiene, flamante, un «blindaje» acordado y Brasil acaba de procurar resguardo bajo el mismo paraguas, pero la paciencia de la comunidad internacional tiene límites y, debe quedar claro que ahora,
Corea del Sur estuvo al borde del precipicio en la Navidad de 1997. Sólo las febriles negociaciones del entonces subsecretario Summers (en Corea, Japón y China) -y la presión de los Tesoros del G-7- consiguieron que los principales acreedores bancarios aceptaran la refinanciación de sus vencimientos del primer trimestre de 1998, alejando así la amenaza de un default masivo con terribles potenciales ramificaciones en toda Asia.
Ese mundo ya no existe más. El mundo gestionado conforme a las reglas de los secretarios del Tesoro Rubin y Summers es pasado.
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