Esta es una propuesta capitalista. Respeta, hasta donde las circunstancias lo permitan, los derechos de propiedad de los depositantes, minimiza las quitas sobre los depósitos, crea una banca invulnerable a la corrida, elimina el riesgo devaluatorio y abre la puerta a una banca offshore.
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Podemos solucionarlo de una forma grosera y expropiatoria, como en el pasado, o podemos encontrarle una solución consistente con los fundamentos del capitalismo y el crecimiento. El propósito de esta nota es presentar una posible salida del congelamiento bancario. En primer lugar, expondré los objetivos y los instrumentos de la propuesta. En segundo lugar, destacaré sus ventajas y las relacionaré con algunas importantes ideas y experiencias que las avalan. En tercer lugar, puntualizaré sus eventuales complicaciones de instrumentación. En cuarto lugar, sintetizaré las principales conclusiones.
1. Convertir en dólares toda la oferta de circulante en pesos y los depósitos que aún están denominados en pesos, al tipo de cambio del momento. Las reservas internacionales disponibles al 18 de diciembre alcanzaban para convertir en dólares los 9.000 millones de pesos en circulación, y dejaban un margen para descongelar unos 5.000 millones en cuentas corrientes y cajas de ahorro.
2. Cada banco residente crearía un fondo fiduciario, en forma separada; transferiría a éste todos sus depósitos (menos los descongelados), convertidos en cuotapartes, y su cartera de préstamos, y procedería a devolver las cuotapartes a una cotización que dependería de la calidad de la cartera de préstamos y de los aportes de capital de los due-ños del banco. Los bancos con buenas carteras y con posibilidades de recapitalización devolverían las cuotapartes a 100% del valor original de los depósitos o con un descuento mínimo, en tanto que los bancos con malas carteras y sin posibilidades de recapitalización devolverían las cuotapartes con descuentos mayores. La creación del fondo fiduciario no debería ser obligatoria, las características financieras de las cuotapartes serían el resultado de negociaciones entre cada banco y sus depositantes, y cada banco debería retener la posibilidad de devolver sus depósitos sin necesidad de convertirlos antes en cuotapartes.
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