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20 de noviembre 2002 - 00:00

EL DEFAULT NOS EMPOBRECE. Por Enrique Blasco Garma, columnista de Ambito Financiero. (20/11/02)

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Para ello, nuestros orondos funcionarios sostienen un curioso argumento: las reservas actuales no alcanzan para hacer frente a todos los pagos futuros. Por mi parte, no conozco a gobierno o empresa alguna que tenga fondos suficientes como para pagar todas sus obligaciones futuras. Los saqueadores tienen distinta composición mental que los creadores. Estos encuentran las ventajas de la cooperación. Los primeros sólo ven posible el conflicto y apoderarse de bienes ajenos, como forma para sobrevivir. De esta guisa, sostienen una moratoria de la deuda externa, defraudando a miles de ahorristas argentinos y de todo el mundo que aportaron esos capitales al Estado argentino y contaban con ellos; expropiaron las reservas de divisas, que eran la garantía para los pesos convertibles; pesificaron los dólares depositados en los bancos argentinos, por millones de inocentes que creyeron en las leyes de la República y en sus lideres, congelándolos junto con las tarifas de servicios públicos, en violación con contratos expresos.

Ahora, después de un espectáculo de suspenso y promesas protagonizado con el FMI, durante diez meses, decidieron que las reservas están para otras finalidades y no para quienes nos socorrieron en momentos críticos, en las condiciones más benignas. ¿Qué pensarán los inversores en Lebac y otros papeles de sus perspectivas de recuperar los dólares invertidos?

Con asombro, nuestros dirigentes comprobaron que el saqueo no da dividendos. Pese a los pagos sustraídos a los acreedores de la deuda pública, no aparece el superávit fiscal anticipado. El alivio dispensado a los deudores bancarios no trae más negocios ni valoriza a las empresas. El congelamiento de tarifas termina en el colapso del servicio y la mala predisposición de un mundo civilizado, donde los compromisos duran más allá del día de la firma. La gran «competitividad» lograda con la devaluación termina en la desesperación de millones de hambrientos, ausentes los demandantes locales por las pérdidas de ingresos, y con exportaciones estancadas por la licuación de la confianza.



No fue la Revolución Industrial la que movilizó el gran auge mundial. Prueba de ello es que 200 años después, la mayor parte del mundo yace rezagada. Fue la comprensión de que sólo reconociendo las ventajas mutuas de los intercambios y mitigando el conflicto y el oportunismo se construye la riqueza. Los convenios aumentan los patrimonios y los ingresos en la medida en que se cumplan, y el que se erige en defraudador o en único árbitro de sus compromisos queda aislado. La mayoría de los pueblos del mundo no lo comprende y, por ello, mora en la pobreza, sometida al poder de grupos y elites. Ninguno de ellos respeta a su gente y, por ello, ninguno es democrático, incluida nuestra actual Argentina.

Una pequeña minoría de países nada en la abundancia precisamente por haber entendido que el saqueo, como todo crimen, no da réditos para la mayoría. De ahí que ningún programa político y económico pueda ser exitoso si no comienza asegurando la propiedad y la vida de cada uno de nuestros habitantes. Ese fue el logro de nuestra pisoteada Constitución de 1853 durante más de medio siglo. Pero las críticas al modelo pudieron más que los avances palpables. De ahí la advertencia de Ortega y Gasset: argentinos a las cosas.

El primer paso para nuestro despegue vendrá con las seguridades de que el saqueo nunca más servirá para financiar los desaciertos de nuestros gobiernos. El gran Esopo anticipó esta disyuntiva con la gallina de los huevos de oro. La forma de seguir disfrutando del dividendo es no comerse al capital. Algunos dirigentes políticos sostienen que nuestro pueblo no necesita de elecciones, que la gente quiere soluciones. Precisamente, la única esperanza reside en anticipar la fecha en que el pueblo decida quiénes nos conducirán y hacia dónde. Si al Africa, al sur del Sahara, a Cuba o a Corea del Norte. O a Irlanda, España, Portugal o Suiza. Cada día que demoren el sufragio mayores serán las responsabilidades de los actuales depredadores.

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