España o cualquier país del Norte se puede permitir el lujo de tener un impuesto redistributivo como el que grava los bienes personales porque no tiene los miles de millones que tiene la Argentina fuera de su país y porque tampoco tiene un nivel de desocupación tan alto como el nuestro. Esto, agravado aquí por la desactualización de los montos imponibles en períodos inflacionarios.
La falta de un régimen tributario a medida de la Argentina, la mala administración de los recursos, las limitaciones de nuestro mercado interno y la aplicación de medidas como la doble indemnización y el impuesto a los débitos bancarios, ha producido históricamente la apatía para invertir.
Lo notable es que en tiempos de globalización donde las decisiones estratégicas han perdido relevancia frente a las decisiones de caja, los gobiernos en la Argentina y en el resto del mundo -tan necesitados de efectivo- no procedan tomando en consideración principalmente esta motivación.
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