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20 de agosto 2026 - 17:23

El superávit comercial alcanzó unos u$s2.115 millones en julio, aunque las exportaciones se hundieron casi 5% mensual

Las ventas al exterior crecieron 14,1% frente al año pasado, aunque casi todo el avance estuvo explicado por los precios. La energía volvió a destacarse, mientras la caída de las importaciones dejó señales de menor inversión pero también de sustitución por producción local.

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La energía sostuvo el superávit, mientras las importaciones volvieron a caer.

La balanza comercial argentina registró en julio un superávit de u$s2.115 millones, según informó este miércoles el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El resultado representó una mejora de u$s1.208 millones frente al mismo mes de 2025, cuando el saldo positivo había sido de u$s907 millones, y extendió a 32 meses consecutivos la racha con balance favorable.

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El intercambio comercial alcanzó los u$s15.593 millones, un 6,7% más que un año atrás. Sin embargo, la comparación mensual mostró una dinámica diferente: en términos desestacionalizados, las exportaciones se hundieron 4,9% frente a junio y las importaciones retrocedieron 4,5%, mientras el superávit quedó por debajo de los u$s2.235 millones del mes anterior.

Más allá de esa caída mensual, el saldo continúa en niveles elevados y aporta oferta de divisas al mercado cambiario. Hacia adelante, la incógnita pasa por cuánto podrá sostenerse cuando la actividad recupere dinamismo y aumente la demanda de importaciones, frente a una oferta exportadora que también empieza a incorporar nuevos motores.

Las exportaciones crecieron por los precios y la energía explicó el avance en cantidades

Las ventas al exterior totalizaron u$s8.854 millones, con un crecimiento interanual de 14,1%. Sin embargo, la mejora estuvo explicada casi por completo por los precios, que avanzaron 12,4%, mientras que las cantidades aumentaron apenas 1,5%.

Para Federico Bernini, especialista en comercio internacional, ese es uno de los puntos centrales del informe. “Los precios están ayudando a las exportaciones, sin dudas”, señaló, y destacó que todo el crecimiento de las cantidades estuvo explicado por combustibles.

La lectura de la consultora Abeceb apunta en la misma dirección y relativiza la magnitud del crecimiento exportador. El valor de las ventas externas muestra una expansión importante, pero Argentina todavía no está colocando en el exterior un volumen mucho mayor de bienes. En este sentido, la mejora responde principalmente a precios más favorables, mientras el crecimiento físico continúa concentrado en pocos sectores.

Dentro de ese cuadro, Combustibles y Energía volvió a sobresalir ampliamente. El valor exportado se disparó 97,8% interanual, con un aumento de u$s744 millones hasta los u$s1.506 millones, mientras que las cantidades crecieron alrededor de 68%. El avance estuvo impulsado principalmente por los mayores despachos de petróleo crudo y carburantes.

La energía se consolida así como una de las bases estructurales del superávit. La expansión de Vaca Muerta y de la infraestructura asociada permite aumentar simultáneamente las exportaciones y sustituir compras externas de energía. De esta forma, la balanza energética ya volvió a terreno positivo y para este año podría acercarse o superar los u$s10.000 millones de exportaciones netas.

El cambio también empieza a diversificar una matriz históricamente dependiente de los dólares del agro. Durante el primer semestre, la agroindustria generó alrededor de u$s20.000 millones netos, mientras minería y energía aportaron otros u$s9.600 millones, ampliando la cantidad de sectores capaces de abastecer de divisas a la economía.

La apertura comercial empieza a mover exportaciones, aunque no de forma pareja

Fuera de la energía, Bernini destacó el desempeño de las carnes, la pesca y los vehículos. En el primer caso, parte del impulso provino de las mayores ventas hacia Estados Unidos, donde la ampliación del cupo de carne abrió espacio adicional para las exportaciones argentinas.

Ese movimiento se inscribe en una mayor apertura de mercados que ya empieza a reflejarse en algunos flujos comerciales. Durante el primer semestre, las exportaciones hacia Estados Unidos crecieron 42%, hasta u$s4.859 millones, y las destinadas a la UniónEuropea avanzaron 22%, hasta u$s 4.359 millones, mientras que en apenas seis meses se utilizó el 55,5% del cupo de carne disponible en el mercado estadounidense.

La respuesta, sin embargo, no es homogénea entre sectores. Allí donde existía capacidad instalada disponible, la mejora en el acceso a mercados puede trasladarse con relativa rapidez a las exportaciones. En actividades que requieren nuevas inversiones, infraestructura o ampliaciones de capacidad, el efecto tarda más en aparecer.

En el caso automotor, Bernini destacó especialmente el comportamiento de las pickups, en medio de una transformación de la producción local desde modelos más orientados al mercado interno hacia vehículos con mayor perfil exportador. La industria automotriz ya genera alrededor de u$s8.800 millones anuales en exportaciones y cuenta con capacidad para más que duplicar tanto sus ventas externas como la producción actual.

El paralelo, el panorama fue menos favorable para otros sectores. En este sentido, los Productos Primarios retrocedieron 0,6%, mientras Bernini señaló un desempeño flojo en vinos, productos farmacéuticos y alimentos elaborados. En el caso vitivinícola, la debilidad también responde a un fenómeno internacional de menor consumo de alcohol.

Precisamente, algunos de estos sectores enfrentan una competencia más exigente incluso con la apertura de nuevos mercados. En Estados Unidos, por ejemplo, actividades como vinos, aceite de oliva y girasol, chocolates, pesca y frutas continúan expuestas a condiciones arancelarias menos favorables que las de algunos competidores, lo que limita cuánto puede traducirse la mejora institucional en mayores ventas.

Las importaciones cayeron 9% en cantidades y dejaron una señal sobre la inversión

Las importaciones sumaron u$s6.739 millones, con una caída interanual de 1,7%. La baja estuvo explicada por las cantidades, que retrocedieron 9,2%, mientras que los precios avanzaron 8,4%.

La composición, sin embargo, obliga a evitar una lectura lineal. Bernini puso el foco en la fuerte caída de las cantidades importadas de bienes de capital, cercana al 13%, y de sus piezas y accesorios, alrededor del 23%, porque se trata de rubros directamente vinculados con la capacidad productiva y la inversión.

Abeceb también marca este punto como uno de los principales elementos a seguir. Los datos generales del INDEC mostraron bajas de 7,7% en bienes de capital y de 14,9% en piezas y accesorios, una dinámica que puede reflejar una menor demanda de inversión y que contrasta con la fortaleza del saldo comercial.

Sin embargo, el detalle introduce matices importantes. Parte de la contracción de los bienes de capital responde a menores importaciones de pickups, que están siendo reemplazadas por unidades producidas localmente. En ese caso, la baja de las compras externas no necesariamente implica menor inversión o actividad, sino un proceso de sustitución por producción nacional.

Al mismo tiempo, aumentaron las importaciones de teléfonos y computadoras, mientras las compras de maquinaria propiamente dicha prácticamente no mostraron crecimiento, lo que mantiene abierta la señal de debilidad sobre la inversión productiva.

Los bienes intermedios también requieren una lectura cuidadosa. En cantidades avanzaron alrededor de 3%, aunque una parte importante correspondió a soja importada para ser procesada localmente y posteriormente exportada. El movimiento favorece a la industria aceitera, pero resulta menos representativo de una recuperación general de la demanda interna de insumos.

Otro comportamiento diferente apareció en los combustibles. Sus importaciones volvieron a caer, pero en este caso la baja refleja principalmente una mejora estructural: Vaca Muerta está sustituyendo energía que anteriormente debía comprarse en el exterior. La expansión de la infraestructura regional ya permitió reemplazar parte de las importaciones de GNL y ampliar al mismo tiempo la capacidad exportadora.

De esta forma, la caída de las importaciones reúne fenómenos distintos. Una parte puede asociarse con una demanda de inversión más débil, mientras otra responde a sustitución por producción local y a una menor dependencia energética del exterior. Esa composición será clave para interpretar la evolución del comercio cuando la actividad vuelva a ganar ritmo.

El superávit ya supera los u$s16.000 millones y cambia la estructura exportadora

La evolución del comercio exterior también mostró diferencias importantes según los principales socios. China volvió a concentrar el mayor déficit bilateral, con un rojo de u$s845 millones, seguida por el Mercosur, con u$s370 millones. Brasil se mantuvo como principal socio individual y dejó un saldo negativo de u$s349 millones.

En sentido contrario, los mayores superávits se registraron con el Resto de ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración), por u$s 938 millones , India por u$s496 millones, y el bloque del USMCA, con u$s467 millones.

Con el resultado de julio, el superávit acumulado durante los primeros siete meses alcanzó los u$s16.080 millones, muy por encima de los u$s3.669 millones registrados en igual período de 2025. A su vez, las exportaciones sumaron u$s58.365 millones, con un crecimiento de 22,9%.

La mejora se produce además en un escenario de mayor apertura comercial. El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea comenzó a aplicarse provisionalmente en mayo, mientras que el entendimiento entre Argentina y Estados Unidos fue firmado en febrero. A eso se suman otros acuerdos pendientes de ratificación o negociación que, de concretarse, ampliarían el acceso de los productos argentinos a nuevos mercados.

El superávit sigue alto, pero el desafío será sostenerlo con más actividad

El desafío pasa ahora por cuánto puede aprovechar efectivamente la Argentina esas preferencias. La reducción de aranceles es solo una parte del proceso: las exigencias de origen, sanitarias, técnicas, ambientales y de trazabilidad pueden convertirse en el verdadero filtro para ingresar a esos mercados, especialmente para empresas de menor escala.

De cara a los próximos meses, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyecta exportaciones por u$s100.207 millones e importaciones por u$s76.773 millones para todo 2026, lo que implicaría un superávit comercial cercano a u$s23.400 millones.

El saldo podría moderarse cuando una recuperación de la actividad vuelva a impulsar las importaciones. Sin embargo, del lado de las exportaciones aparece una diferencia respecto de ciclos anteriores: el desarrollo de la energía y, hacia adelante, minería empiezan a ampliar la base de sectores generadores de dólares junto con el agro.

Esa transformación podría profundizarse durante la próxima década. Las proyecciones de largo plazo apuntan a un salto de las exportaciones desde alrededor de u$s87.100 millones en 2025 hasta casi u$s176.000 millones hacia 2035, con petróleo y gas y minería entre los sectores con mayor potencial de expansión.

Para materializarlo, el incremento de la capacidad exportadora deberá acompañarse con inversiones en infraestructura, energía y logística, además de previsibilidad para sostener proyectos de largo plazo.

Así, el superávit de julio deja una lectura de dos velocidades. En el corto plazo, los mejores precios explican buena parte del crecimiento de las exportaciones y la debilidad de las importaciones ayuda a ampliar el saldo.

Más estructuralmente, la energía empieza a modificar la capacidad argentina para generar dólares y reducir compras externas, mientras la recuperación futura de la actividad pondrá a prueba cuánto de este superávit puede sostenerse cuando vuelvan a crecer las importaciones.

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