Empresas: "Con este dólar, es imposible no remarcar"
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•Puertas cerradas
El organismo que dirige Pablo Challú debería dar a conocer esas listas el viernes próximo, y repetir la acción todos los viernes subsiguientes; el feriado de Viernes Santo, sin embargo, arroja dudas sobre que esto se produzca ya en la primera semana de vigencia de la obligación.
Por ahora las góndolas no se advierten mayores diferencias en relación con días previos, pero se notó la falta de productos. «Es muy posible que algunos se hayan reservado stocks hasta tanto lleguen los nuevos listados; nosotros no lo hicimos, pero igual algunos proveedores no nos entregaron», dijo el vocero de otra gran cadenas minoristas. «Lo que advertimos es que el abastecimiento podría tener alguna complicación mayor en el interior que en el área metropolitana.»
•Precio abierto
El informante admitió que esta semana podría repetirse lo sucedido en los primeros días de enero: «Muchos proveedores entregaban la mercadería 'a precio abierto'; descargaban los paquetes pero advertían que recién a los quince días nos dirían cuánto costaba». El ejecutivo admite que hasta ahora tanto comerciantes como proveedores están tratando de no desbarrancarse con los precios, «pero admitámoslo: estamos todos con la máquina remarcadora lista para esta semana».
No sólo a las cadenas de distribución les pasa: también a los elaboradores de alimentos. «La harina y el aceite nos lo vendían sin precio, y así era imposible determinar cuánto valía lo que nosotros vendemos: fue un ejercicio de equilibrio muy difícil, porque no queríamos perjudicar al consumidor pero tampoco quedar descolocados en nuestros costos», dijo una fuente de una de las principales empresas del sector.
Así, hubo quienes -Kraft, por caso-se abstuvieron de incrementar los valores de sus productos hasta marzo; después, obviamente, comenzaron a actualizar sus precios al ritmo de la devaluación.
A esta altura de los acontecimientos es obvio ya que es falsa la teoría que se aventuró desde el primer día de la devaluación, respecto de que la falta de dinero en manos de los consumidores haría imposible un fuerte incremento del índice inflacionario. Hoy parece posible un escenario de hiperinflación en plena depresión económica, el peor de los escenarios imaginables. Hoy las empresas están incrementando sus precios -algunas de manera más moderada que otras-aun cuando sepan que es más difícil vender.
«¿Hasta cuándo vamos a poder absorber los mayores costos de insumos -tanto nacionales como importados-sin trasladarlos a los precios finales? En esta situación, poco más. Es imposible pretender que vendamos a pérdida 'sine die'; llega un momento en que conviene vender mucho menos, pero sin pérdidas, y eso es lo que está a punto de comenzar a suceder», dijo un altísimo ejecutivo de una empresa de higiene personal.
Este grupo, igual que sus competidores directos y otros de consumo masivo, afirma que hacen falta al menos cuatro o cinco meses de estabilidad para poder comenzar a sustituir importaciones y así mantener precios. Por ahora, esos «cuatro o cinco meses» suenan a utopía.



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