Néstor Kirchner atiende los consejos en voz baja de su esposa, Cristina Fernández, durante la cumbre del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ayer en Estados Unidos.
Nueva York (enviado especial) - La levadura que suelen poner los entornos a los actos, a veces pequeños y repentinos, convirtió ayer a un cruce breve y agrio entre Néstor Kirchner y Rodrigo de Rato en una novela, que por la noche sumaba páginas con diálogos imaginados por el entusiasmo de la barra. Ocurrió en la sesión de inauguración de la Cumbre del Milenio en el recinto de la ONU, el encuentro con mayor cantidad de presidentes juntos en un mismo lugar en toda la historia de la humanidad. Allí el ingenio criollo dejó su impronta. Esperaban los gobernantes del mundo el comienzo de la sesión, cuando Rato vio a Kirchner desde el palco lateral que le había tocado a los representantes de los organismos internacionales y lo desafió. Kirchner estaba sentado junto a sus ministros, Rafael Bielsa, Julio De Vido y José Pampuro: «¿Viste -o vio, las versiones no coinciden-que no estamos haciendo prensa con el tema de ustedes? De esto no estamos hablando». Kirchner se sintió con aire para la respuesta, que masticó lejos del oído de los demás: «¿Quéprensa? En vez de prensa deberían ayudar en serio, darnos una mano después de lo que hicimos con la deuda privada». Rato: Lo nuestro es una forma de ayudar. Es una señal...
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Kirchner: Hablo de que harían bien en ayudar en serio, como lo ayudaron a De la Rúa, al que ustedes le prestaron $ 9 mil millones de dólares y a nosotros no nos han prestado un solo peso, y miren cómo nos tratan. Rato sonrió como diciendo: ése no fui yo, fue el que estaba antes, pero pechito argentino no se amilanó: «Ustedes tendrían que reconocer de una buena vez que hay que cambiar la actitud. Los países aplicaron lo que ustedes decían y miren cómo terminanos. Por eso siempre les decimos que hay que ver cómo se negocia. Rato (silencio y empieza a saludar)... Kirchner: Lo único que les pedimos es que nos reprogramen para no pagar tanto, ésa es la ayuda que nos podrían dar...
Animoso, como siempre, se cruzó en ese instante con el grupo, Ricardo Lagos, que se movía hacia el sitio de la delegación chilena. saludó con efusión a los dos y tomó parte en la pelea: «A ver Rodrigo cuándo le dan una mano a la Argentina». El español, en minoría, pedía la retirada con más saludos y frases de «Bueno, hombre, claro, hablando se entiende la gente...». Lagos agrega que «ustedes no pueden negar lo que ha crecido la Argentina con el actual gobierno, después de lo que pasó. A ver si dan una mano».
• Animo
Llamaban al discurso de George W. Bush y todos se sentaron a recuperar aire cargados de adrenalina. El cruce, una anécdota en realidad, traduce el ánimo con el que Kirchner quiso pasearse ayer por la ONU, pegado a las posiciones que ha defendido en los Estados Unidos contra los organismos multilaterales (los de crédito, como el FMI, o la propia ONU). Que Rato hablara de deuda, además, venía al pelo de la pulseada que libra el gobierno con el organismo para no aparecer recibiendoinstrucciones sobre cómo gobernar, algo que cree Kirchner ha sido el estigma de los anteriores gobiernos. Su esposa, Cristina, lo había dicho el martes en la peña de la New School, dedicada a atizar al FMI ante un público poco afecto a las imágenes imperiales que puede trasmitir este organismo (aunque, es cierto, lejano a la ideología republicana de los Bush). Esa pulseada incluye el pago riguroso de los compromisos aunque sin un programa formal -algo que condicionaría préstamos al cumplimiento de una agenda de reformas-lo que obliga al gobierno a resignar una fuente de dinero barato y a ir al mercado, que le cobra una tasa más alta por las colocacionesde bonos. Es una de las pruebas de cómo un fin político (resguardar la imagen del gobierno) termina pagándose con el dinero público. Tocarlo a Rato le viene bien a Kirchner porque hoy se entrevistará con José Luis Rodríguez Zapatero, y el tema FMI es uno de los tres de la agenda por la doble silla que tiene España en el board del organismo, la propia y la del director ejecutivo. Lo primero que le preguntará Zapatero a Kirchner es cómo le fue hace dos semanas en la cita que tuvo en Buenos Aires con el antecesor del premier socialista, el conservador José María Aznar. Este hizo una visita al país promoviendo su libro, una manera de mantener vigencia en la pelea política española que tiene tres protagonistas, el primer ministro socialista, Rato y su mirada a mediado plazo como candidato a reemplazarlo, y el propio Aznar, a quien pocos le creen que haya emprendido el camino duhaldista de retirarse de la política. En Madrid consideran que Aznar habló con Kirchner en serio del FMI y del rol que puede cumplir Rato en la negociación de un programa con la Argentina. Sentarse ante Zapatero, después del ventiladísimo cruce de ayer, le abre la cancha al presidente argentino, que necesita que mientras haya socialismo en La Moncloa, España le siga dando una mano a la Argentina y disipar cualquier sospecha de que hay entendimientos con el conservadurismo español.
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