"Es imperioso ajustar la inflación y el gasto"

Economía

El análisis de la coyuntura previo a las elecciones correspondió a Gabriel Rubinstein, en una nueva entrega de la sección «El economista del mes». Quien fue representante de Roberto Lavagna en el BCRA y director ejecutivo de la Bolsa de Comercio enfoca las tareas ineludibles del próximo gobierno, como bajar la inflación del actual 20% a 9%, frenar el gasto público y desacelerar la economía.De lo contrario, advierte, enfrentaremos serios problemas. «Para este desafío se requiere un ministro de Economía a la altura de las circunstancias, y no un ministro-presidente», resaltó.

1- La herencia K: lo bueno, lo malo, lo feo.

Lo bueno. En materia económica, seguramente lo mejor de la herencia Kirchner es el «plus» de crecimiento y sobre todo de empleo que nos dejó. Cualquiera en su lugar (Duhalde-Lavagna, Menem, Carrió, López Murphy) hubiera aprovechado la inercia positiva tras la crisis de 2001-2002, y el gran crecimiento de los precios internacionales de los bienes que exportamos (en 2007, 90% más alto que en el período 1998-2001).

Pero el kirchnerismo estimuló el consumo más allá de lo que seguramente hubieran hecho otros. Bastante preliminarmente, estimo que de 39% que el PBI habría crecido entre mediados de 2003 y mediados de 2007, aproximadamente 4 puntos porcentuales se lo debemos a Kirchner. Esto implicaría aproximadamente, 240.000 puestos de trabajo adicionales. Es 1,5% de la fuerza laboral. No son los 2 millones de nuevos empleos de que se jacta el gobierno (apropiándose de un mérito que no le corresponde), pero sin duda es un buen dato. Y para esos 240.000 que dejaron de ser desempleados y sus familias, es más que suficiente como para defender la gestión K, aun si no les gustara otras cosas que Kirchner hizo. Lógicamente, no hay un listado de los beneficiados, y cada uno de los 2 millones y sus familiares de nuevos empleados puede sentir que gracias a Kirchner es que están mejor. No nos extrañemos pues del caudal de votos que el kirchnerismo vaya a lograr.

Lo malo. El problema es que para lograr esos resultados el gobierno ha apelado a políticas de altísimo costo, en especial de cara a los tiempos venideros. Podríamos resumirlos así: a) un tremendo aumento del gasto público, al punto de hacer añicos el importante superávit fiscal que se había logrado, b) un importante retroceso en la organización de mercados (carnes, lácteos, petróleo, gas, electricidad, negocios con amigos en lugar de reglas transparentes, etc,), c) un impresionante salto inflacionario desde 6% anual en 2004 a 20% actual, d) la alteración del rol del BCRA desde ser un importante protagonista en la lucha contra la inflación a ser un mero proveedor de liquidez bancaria.

Lo feo. Para mostrar números mejores, el kirchnerismo hizo algo que nadie había osado hacer: adulterar las estadísticas oficiales, mostrando una inflación que es menos de la mitad que la verdadera. El gobierno ha aprovechado la fragilidad institucional de la globalización. Quizás, si lo que ha venido ocurriendo en estos últimos tiempos en la Argentina, ocurriera en 10 o 20 años, nos veríamos expuestos al expediente de una auditoría ad hoc (por ejemplo de la División de Estadísticas de las Naciones Unidas), que constataría los graves hechos cometidos, dándole de comer a los muchos que en el mundo piensan que los argentinos «somos todosladrones». Ahora bien, a mi entender, los beneficios de haber impulsado más consumo y creado más empleo, no son compensados por los costos mencionados. Porque justamente esos costos son los que han puesto a la economía en zona de riesgos suficientemente graves. Y si estos riesgos se materializaran, ese plus de producción y empleo se perdería, seguramente con creces. Por eso vale la pena detenerse en algunas de las cosas «malas» y «feas» que nos han quedado como herencia, y ver qué podría hacer el nuevo gobierno con ellas.

2- El deterioro fiscal

Recaudación: la mejora ha sido «espectacular». Comparando 2007 contra 2003, se han recaudado $ 120.000 millones más, superando en términos de PBI largamente los récords anteriores (en 2007 sería de 24,2% del PBI, y en 1999 de 16,8%). Aún sacando los impuestos más distorsivos (retenciones y el llamado impuesto al cheque), la performance ha sido muy importante.

Superávit: sin embargo, el resultado fiscal ha ido barranca abajo. En 2005, el superávit primario consolidado (Nación + provincias) fue de 5,3% del PBI, mientras que 2007 terminaría con 2,1% (bien medido, sin considerar como «ingreso corriente» los bonos, acciones y depósitos bancarios que pasaron de las AFJP a la ANSeS, que no constituyen ingresos devengados del período, que no pueden utilizarse para los pagos estatales, y que tergiversan la comparación de las cifras). Con la economía creciendo a 9% se perdieron más de 3 pp de PBI de superávit. Y como consecuencia de ello ya no sólo es imposible desendeudarnos, sino que en 2007 la deuda «flujo» (es decir sin considerar devengamientos por CER y otros) aumentaría en unos 2.000 millones de dólares. Un problema, en un país que acaba de defaultear y que aun tiene pésimas calificaciones crediticias internacionales.

Gasto: como es obvio, lo anterior pasó porque el gasto creció mucho más que los ingresos. Creció la obra pública (sin controles adecuados), crecieron los subsidios al consumo (muy mala señal a los consumidores que deberían consumir menos de lo que escasea, y muy mala señal a la inversión que debería ser alentada a invertir en estos sectores y no a desinvertir), crecieron fuertemente los pagos a jubilados (aunque una parte queda erosionada por la inflación), y crecieron fuerte los salarios y el empleo público. El año 2007 terminaría con un gasto público creciendo 42%, y superaremos largamente el valor en dólares del gasto primario durante la convertibilidad.

3- El deterioro inflacionario

La inflación ronda 20% anual. Esto surge de encuestas privadas que durante 2003-2006 dieron datos muy similares al INDEC y desde 2007 muy diferentes. Del gráfico 1 se infiere que no sólo han subido mucho las papas y los tomates. El índice de IPC Verdadero «Núcleo» (que elimina frutas, verduras, estacionales y regulados), también arroja 20% de inflación.

Más allá del grave problema ético, institucional, legal, que implica que el gobierno tergiverse estadísticas públicas, lo real es que tenemos alta inflación, y que la misma amenaza con crearnos serios problemas. La economía está cada vez más indexada, los reclamos salariales se tornan difíciles de contener, y hay indicios bastante serios de que la gente ha empezado a renegar de la moneda local. El circulante va perdiendo poder de compra, reflejando el aumento de la velocidad de circulación del dinero (ver gráfico 2). Esto es muy grave, ya que puede ser la semilla de eventuales nuevas crisis económicas y financieras.

La lucha contra la inflación no tendrá éxito si sólo se apela a los controles de precios y a la vana idea de aumentar la oferta vía inversión (ya que con la oferta agregada aumenta asimismo la demanda agregada, con lo cual no se corrigen los excesos de demanda que dieran lugar a la inflación). Se requiere de « instrumental macro».

4- El triste rol del Banco Central

La carta orgánica del BCRA dice en su artículo 3º que «es misión primaria y fundamental del Banco Central de la República Argentina preservar el valor de la moneda». Sin embargo, el BCRA ha actuado como si la misma dijera: «Es misión primaria y fundamental del BCRA abastecer al mercado de la liquidez que éste requiera, a las tasas de inflación y crecimiento que los mercados determinen». En otras palabras, el BCRA «está pintado» en la lucha antiinflacionaria. Para disimular su triste papel, el BCRA ha fijado metas monetarias que, o no cumplió o cumplió haciendo trampa. Ya en 2005, el BCRA comenzó a ocultar sobre el cumplimiento de metas monetarias: no cumplió las metas de circulante ni de depósitos, pero se aferró a decir que cumplía las metas de base monetaria, bajo el subterfugio de bajar encajes y subir pases (si hubiera habido alguna clase de auditoría, no habrían permitido esa «avivada criolla»).

Como casi nadie entiende de estas cuestiones, pocos se dieron cuenta de las maniobras del BCRA (en cuadro 1 se muestran algunos casos). Más adelante fijó metas muy laxas, pero aun así, si no se cumplen, está el «truco» de subir depósitos públicos a interés y bajar cuentas corrientes públicas para mostrar cumplimientos.

Que la política monetaria vuelva a tener un rol (y destacado) en la lucha contra la inflación se hace muy necesario. En todos los países ello ocurre. Y no es porque sean tontos y les guste crecer menos haciendo subir las tasas de interés. Lo hacen porque es la vía más idónea para bajar la inflación en el contexto de economías de mercado (¡ hasta China, que no deja de ser un país manejado muy centralmente, le presta cada día más atención a la política monetaria!).

5- Las tareas del próximo gobierno

El gobierno entrante va a tener que «ponerse las pilas» si pretende alejar las amenazas de crisis financieras, y sentar las bases para un crecimiento sostenido. La Argentina parecería no aprender más: cuando las cosas vienen mal, tenemos crisis justamente por un contexto externo o político negativo. Cuando las cosas van bien, como sucede ahora con precios internacionales récord, recaudación récord, y reservas en un muy alto nivel, se cometen muchos errores, tentando al diablo a meter la cola una vez más.

Sólo respecto a los problemas «macro» antes comentados, un programa de gobierno bueno debería contener, a mi entender, los siguientes puntos:

a) un «frenazo» al gasto público, con aumentos salariales inferiores a 10% anual, freno a la inversión pública, a los subsidios, etc. Sólo así, y dado el «efecto arrastre» que ya existe en 2008 el gasto podría crecer no más de 20%. El objetivo fiscal debería ser el logro de un superávitprimario (el que ahora sin «maquillaje» es de 2,3%) mínimo de 3,5% para 2008.

b) Objetivo inflacionario: para 2008, el «centro» de la política macro debería ser bajar la inflación desde 20% a 9%, apuntando a 5% en 2009.

c) Para ello, debería restituirse el estatus de la política monetaria y darle al menos algún grado de autonomía al BCRA en pos de esos objetivos. En un contexto de incipiente desmonetización, el circulante no debería crecer más allá de 15% anual (¡ contra 28% actual!), y las tasas de interés deberían ser mucho más altas en términos reales.

d) En un contexto de dólar muy alto (el dólar multilateral, deflactado por la verdadera inflación es de 2,10 contra el 1 a 1 de la convertibilidad), que en cualquier escenario bueno para el país debería ir bajando ( revaluación real del peso), debería poder evitarse la devaluación nominal del peso. No sugiero hagamos la de Brasil, pero una banda implícita para 2008, entre 2,90 y 3,20 sería bienvenida.

e) Sobre la base de un firme objetivo de inflación bien declinante, no es necesario hacer pactos de precios y salarios; las negociaciones salariales (si fueran a nivel empresas sería mejor) se tornarían racionales en ese contexto. De todos modos si el gobierno insistiera en « pactos», deberían contemplar aumentos salariales para 2008 que no superasen 10% (por ejemplo con alguna cláusula gatillo que facilitara ajustes compensatorios durante 2009 y 2010, si la inflación superara en 2008 la pauta de 9%). Sólo cuando la inflación se dominare suficientemente, sería posible pensar en subas salariales más generosas, atendiendo siempre a que se mantengan en línea con los aumentos de productividad.

f) Los objetivos de PBI deben ser concordantes con los de una economía que requiere algún grado de enfriamiento, ya que ahora está recalentada, y encima con cuellos de botellas bastante fuertes (como el energético). Si no se actúa con firmeza y muy rápido en esta cuestión, es altamente probable que vayamos hacia un período de «estanflación» (bajo crecimiento y alta inflación). Subas de 6% de PBI en 2008 y de 5% en 2009 lucen como barreras que el gobierno debería evitar se traspasen.

6- El próximo ministro de Economía

No hay necesidad de que tengamos un «ministropresidente», al estilo de Cavallo, o incluso como fuera Lavagna con Duhalde, pero tampoco la hay de un «presidenteministro» como sucediera con Kirchner (que pareciera saber de economía bastante menos de lo que cree que sabe). Si las encuestas tienen razón, y Cristina ganara, será un punto importante a observar: ¿ nombrará a un ministro de cierta jerarquía, con suficientes conocimientos e independencia? ¿O seguirá el actual esquema? Y si lo último ocurriera, ¿ acaso entonces seguiría siendo Néstor Kirchner el « superministro» en las sombras? Es una decisión importante, más en el momento delicado actual. Si ganara, Cristina debería tomar nota de que «navegar» a 20% de inflación no es lo mismo que a 5 o 10%. Y que entonces más vale que la tripulación sepa orientarse, ya que el mar se ha puesto bravo, y las tormentas amenazan con arruinar lo que parecía un viaje largo y tranquilo.

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