La intervención estatal sorprende día a día con derivaciones inimaginadas. Comenzaron a escasear nuevamente el gasoil y la nafta súper en la Capital Federal y en el conurbano. Estaciones de servicio aplican cupos que oscilan entre los 50 y 70 pesos. ¿Por qué si no hay paro del campo ni cuestiones meteorológicas que lo justifiquen? Ahora todo pasa por el INDEC. Y Guillermo Moreno no podía estar ausente. Como la inflación minorista que se difunde mes a mes refleja (en teoría) la variación de precios en Capital y Gran Buenos Aires, el secretario de Comercio Interior bloqueó los aumentos en esos distritos. Por ello es que en el interior del país los precios son 30% mayores. Se creó así una nueva bicicleta financiera que consiste en comprar nafta y revenderla en las provincias. No se imaginó que esto llegaría a un nivel tal que provocaría una escasez en la Capital y en el conurbano. Era de manual de economía básica.
Se complicó más la situación con los combustibles durante el último fin de semana en Capital Federal y Gran Buenos Aires, porque numerosas estaciones de servicio están aplicando cupos para las ventas de gasoil y de nafta súper.
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Hay varios factores para que eso ocurra, pero el determinante sería el «efecto INDEC» sobre los combustibles. Como el gobierno busca achatar el índice de precios minoristas en el área metropolitana (que es el que mide el organismo controlado por Guillermo Moreno), se llega a la paradoja de que en Capital Federal y GBA el valor del gasoil y de las naftas llega a ser hasta 30% más barato que en algunas provincias.
Esto trae distorsiones dentro del mercado, empezando por un nuevo impulso a las operaciones en negro: en cantidades no muy grandes como la que puede llevar un camión con doble tanque, o en camiones especialmente contratados para la maniobra, se lleva gasoil o nafta súper comprada en Capital a las provincias donde se los vende a los productores agropecuarios o a estaciones blancas (las que actúan solas, sin contrato con una petrolera) a $ 0,90 o $ 1 más.
Sevicio de playa
Esto es así porque los precios al público en el interior permiten, aun con esos valores de compra, obtener cierto margen a los expendedores que, además, aplican, en gran parte de las provincias, el llamado servicio de playa de $ 0,20 por carga.
A los productores agropecuarios también les conviene de alguna manera este mercado negro para asegurarse volumen para setiembre, cuando empieza la siembra de maíz, y es uno de los meses que vienen siendo más complicados para el abastecimiento de gasoil en los últimos años.
Pero también ocurre que las petroleras tratan de colocar más producto donde mejor precio obtienen, y esto aumenta la escasez en Capital y GBA. Para peor, son los últimos días del mes, cuando numerosas estaciones están por terminar el cupo mensual que les otorgan las refinadoras, y hubo más consumo en la primera semana por las vacaciones de invierno.
Todavía hay otros motivos. El público está consumiendo menos naftas premium que un año atrás, pero, en apariencia, se refina la misma cantidad de ese producto y de nafta súper. Esto disminuye el stock de super disponibley, en especial, de la más marca más barata. Por esa misma razón, se observó en algunas estaciones que las tarjetas de crédito -suspendidas porque a los expendedores no les alcanza el margen para pagar la comisión por las ventas- son admitidas para adquirir productos premium, tanto nafta como gasoil. La situación puede tensarse más en los próximos días. Se afirma que Moreno está encarando una negociación -por ahora, infructuosa- para que Esso y Petrobras bajen los precios en Capital, sobre todo en el caso del gasoil.
A Shell no se lo pidieron porque la relación entre la empresa y el gobierno sigue siendo conflictiva, y a YPF tampoco, porque los precios se mantendrían dentro de lo que las autoridades esperan. (Esta petrolera refina principalmente crudo propio, lo que le permite integrar el negocio, y además tiene más compromisos políticos con el gobierno.) Trascendió que una nueva baja de precios como la que hubo en enero de este año traerá más problemas a las estaciones de servicio de Capital y GBA que no son de las petroleras, sino de terceros que contratan con ellas. Al bajar los valores al público, desciende también el margen que perciben los expendedores (que aquí no cobran servicio de playa), a su vez bastante achicado por el retraso de precios después de dos o tres años de congelamiento.
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