El encarecimiento de las importaciones ya deja sus primeras secuelas: importantes aumentos de precios, góndolas vacías en supermercados y almacenes barriales, desabastecimiento en productos clave como insumos para la producción y medicamentos, y hasta se habla de la llegada del default tecnológico. Lamentablemente todo demuestra que la estructura productiva y las leyes argentinas no están preparadas para un tipo de cambio libre, y menos todavía está preparada la mentalidad del argentino -que se acostumbró durante largos años a vivir con estabilidad-, a trabajar ahora con un dólar que por el momento no tiene techo. Básicamente todos dicen lo mismo: «No vendemos porque no sabemos a qué precio podemos reponer». Pero las remarcaciones son inevitables. Con un dólar por encima de los 2 pesos, nadie puede absorber el aumento de costos que eso significa. Así lo afirmaron a este diario desde distintas fábricas, cámaras, comercios y proveedores. En el sector farmacéutico, por ejemplo, realizaban ayer las primeras estimaciones del impacto de la devaluación en el precio de los medicamentos: con un dólar a $ 2, aumentan en promedio 20%, pero con importantes dispersiones donde algunos remedios que son 100% importados se venderán a casi el doble de su valor, mientras que otros totalmente nacionales podrán mantener sus precios. Razonamientos similares hacían desde algunas empresas de servicios públicos, que al importar insumos ven encarecer sus costos y pretenden trasladar el impacto a los precios. Si se quiere cuantificar de alguna forma la parálisis reinante en el comercio exterior, la recaudación de Aduanas que en épocas normales promediaba los u$s 400 millones diarios, hoy está por debajo de los u$s 100 millones. Según explicó Leo Gadaleta, despachante de Aduanas y exportador e importador de insumos, a la incertidumbre local se suma que muchos países directamente no quieren venderle a la Argentina y que en el puerto se ha producido una distorsión de precios que encareció más los costos. Por caso, el alquiler de un contenedor por cinco días que oscilaba antes de la devaluación en 400 pesos, hoy está en 1.000 dólares. «Sale más caro que el flete», decía Gadaleta. Todo esto está generando ya litigios entre proveedores, comerciantes y productores locales que también necesitan importar insumos. Los importadores pretenden vender los productos remarcados y los comercios, sobre todo barriales, se preguntan: «¿a quién se lo vamos a vender a esos valores?». Mientras tanto, en algunos productos ya se buscan sustitutos locales, pero desde el sector siderúrgico advierten que hay insumos que no se pueden sustituir. Tal es el caso del mineral de hierro, que se importa ciento por ciento. «En la Argentina no hay ley de acero que exige normas de calidad», decía una fuente de Siderar. Desde la automotriz, Ford, la semana pasada debió suspender durante un día la producción porque no se podían importar insumos. Claro está que en los próximos días habrá un reacomodamiento de los precios. La gran duda es si ese reacomodamiento será en forma ordenada o caótica.Y para ello todo depende de lo que pase con el dólar. Sector por sector, Ambito Financiero comenzó ayer a realizar los primeros sondeos para monitorear lo que está sucediendo en el mercado.
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