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25 de agosto 2008 - 00:00

Imperdible: Cavallo se expide sobre Aerolíneas

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Domingo Cavallo
Domingo Cavallo salió a hablar también de Aerolíneas Argentinas. Estimó, en su sitio de Internet (www.cavallo.com.ar), que el déficit de Aerolíneas Argentinas será de u$s 200 millones anuales sin considerar el subsidio que recibe por combustibles. Embistió contra Ariel Basteiro y Alicia Castro, y, en general, contra todos los gremialistas.

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Tampoco se salvaron quienes condujeron Aerolíneas hasta ahora: «Me da la impresión de que hubo corrupción empresarial de todos los colores».   

  • El problema no fue ni será el carácter privado ni el carácter estatal de la compañía. Hay muchas aerolíneas privadas y muchas aerolíneas estatales que prestan buenos servicios en los países en los que operan. En la Argentina los problemas han sido dos:

  • 1) la ineficiencia y vocación monopólica de la empresa Aerolíneas Argentinas, tanto cuando fue estatal como cuando fue privada, y 2) la política aerocomercial, especialmente cuando se caracterizó por fuertes limitaciones a la competencia, reservas de mercado y fijación administrativa de las tarifas aéreas.

  • La calidad y cantidad de servicios aéreos, tanto de cabotaje como internacionales, mejoraron mucho entre 1992 y 2001, pero no porque Aerolíneas Argentinas, como empresa privada, haya funcionado bien. Probablemente, ni siquiera funcionó mejor que cuando era estatal. Durante esos años, las ciudades más alejadas del interior, como Posadas y Formosa, Salta y Jujuy, Ushuaia y Río Grande, y casi todas las capitales de provincias y ciudades grandes del interior estuvieron conectadas con Buenos Aires con varias frecuencias diarias y, en muchoscasos, bien conectadas entre sí. Córdoba llegó a transformarse en un centro de interconexión alternativo al de Buenos Aires.   

  • Aerolíneas Argentinas fue siempre un problema, tanto cuando fue estatal, como cuando fue privada. Siempre fue una empresa muy ineficiente, con vocación monopólica, con sindicatos que nunca se preocuparon por la calidad del servicio y la eficiencia, sino exclusivamente por sus ventajas laborales; y con dirigentes empresariales, en sus dos etapas, que no demostraron capacidad y mucho menos eficiencia. Sobre su honestidad, prefiero no opinar, porque no me gusta hacer acusaciones sin pruebas concretas. Pero me da la impresión de que hubo corrupción empresarial de todos los colores.

  • Desde 2002 hasta acá prácticamente desaparecieron todas las líneas privadas que operaron durante los noventa, porque no pudieron sobrevivir a los efectos de la devaluación, pesificación y recesión de 2002, y volvimos a depender de Aerolíneas Argentinas como oferente casi exclusivo de servicios. En comparación con la experiencia de 1986, en los últimos años, tuvimos la suerte de que LAN decidiera seguir operando en el país, aun cuando también fue afectada por la absurda política regulatoria del Estado.   

  • Mienten los que dicen que la privatización de Aerolíneas Argentinas fue un error, o peor, un negociado, en 1990. Si bien Aerolíneas Argentinas no mejoró, como empresa, al menos el Estado argentino no tuvo que soportarun déficit, que financiaronel Estado español y, en menor medida, los empresarios que manejaron la empresa. Estoy seguro de que ese déficit fue, para los casi 18 años que transcurrieron hasta la reestatización, de no menos de u$s 2 mil millones. Es probable, que reestatizada, Aerolíneas Argentinas pase a perder 200 millones de dólares al año, sin contar los subsidios al combustible.

  • Por eso mienten los que dicen que la reestatización es una solución. Quizá lo sea para los intereses sindicales, que tendrán probablemente un empleador más concesivo. Pero seguramente no lo será para los argentinos. No debe sorprender que ningún dirigente político se anime a decir estas verdades tan evidentes. Temen que les pase lo que me ocurrió a mí. El señor Basteiro, actual diputado kirchnerista, y la señora Castro, actual embajadora ante el gobierno de Venezuela, como dirigentes sindicales de Aerolíneas Argentinas, encabezaron los disturbios, los ataques y los insultos con los que quisieron empañar la ceremonia religiosa del casamiento de mi hija en julio de 2001, cuando el pecado del gobierno del que yo acababa de asumir como ministro de Economía, era tratar de encontrar empresarios que se hicieran cargo de la empresa con el apoyo que estuviera dispuesto a darles el Estado español, en un momento en que el gobierno argentino no tenía dinero ni para pagar los sueldos de los empleados públicos y las jubilaciones, que eran su responsabilidad inexcusable. Antes habían tenido la osadía de no sólo bloquear por varios días la autopista a Ezeiza, sino hasta cruzar un avión de Aerolíneas Argentinas en la pista, para hacer inoperable el aeropuerto internacional.
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