Habló el ministro de Economía, también la Presidente. Acompañaron todos los ministros, hubo invitados especiales, casi se transmitió en cadena. Nunca, en el país, hubo tanta atención por mensajes oficiales que aluden a porcentajes de trigo o leche, devoluciones mínimas, o costo de fletes. Casi inaudito lo que ayer ocurrió, como lo que viene sucediendo hace más de 15 días: una discusión compleja, casi violenta, por ahora sin víctimas, por la diferencia de 9% que significó el último aumento de las retenciones al agro. Tanto humo por tan mínimo fuego, casi inexplicable el debate.
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Otro parece el país desde que se incrementó el impuesto al campo: piquetes, cacerolazos, cortes, amenazas, concentraciones, huelgas, intimidaciones, hasta cuatro discursos de Cristina de Kirchner relativos al tema (incluyendo el de hoy en la Plaza). Demasiado consumo de energía del gobierno en esta batalla -como si ésta fuera barata- por un pleito de 9% que, de tanta alharaca, ahora parece imprescindible como sostén del modelo productivo y para conservar la autoridad presidencial. Se convirtió ese porcentaje en gravitante factor para redistribuir el ingreso, no generar más pobres, determinar lo que se planta o no en el fondo de las casas, condenar el cultivo de la soja, descubrir inclusive que ese arbusto no se consume en la Argentina. Una tarea de vasta imaginación oficial para justificar un simple aumento que, al gobierno nacional, le produce un agregado como de unos 1.400 millones de dólares en la recaudación. También es inaudito que éste haya sido un olvido en los mensajes de la Casa Rosada.
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