«Las fábricas locales quedaron desactualizadas,no se tecnificaron y la mayoría no tiene una producción de buena calidad. Además, tardan mucho en entregar trabajos terminados porque los mecanismos de producción son lentos.» Lo dice Clara Ibarguren, dueña de la marca de indumentaria femenina que lleva su nombre. La empresaria, que hace más de veinte años está en el negocio de la moda, dialogó con Ambito Financiero sobre lo que ella entiende son los principales factores que impiden el crecimiento de la industria textil en la Argentina. A continuación los principales pasajes de la entrevista:
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Periodista: ¿Cómo se inició en el negocio de la moda?
Clara Ibarguren: Comencé por hobby. Con una amiga diseñábamos remeras para entretenernos y las vendíamos a conocidos para juntar dinero para las vacaciones. El segundo año que lo hicimos se nos ocurrió diseñar un modelo de vestido con flecos que gustó mucho y del cual vendimos casi 10.000 unidades. Los mismos que nos compraron esos vestidos nos llamaron meses más tarde preguntándonos por los modelos de la temporada de invierno, y ahí vimos el negocio que se nos abría. En los 80, con esa misma amiga, creamos Ropa Natural, pero diez años más tarde conocí a mi marido, Enrique Moguilevsky, con el que formé una nueva sociedad y creamos la marca con mi nombre.
P.: ¿Cómo ve hoy a la industria textil argentina?
C.I.: Tenemos muy buenos diseñadores, pero falta apoyo al sector. El gobierno debería facilitar a las fábricas el acceso a créditos para mejorar su infraestructura. Las fábricas locales quedaron desactualizadas, no se tecnificaron y la mayoría no tiene una producción de buena calidad. Además, tardan mucho en entregar trabajos terminados porque los mecanismos de producción son lentos. A esto hay que sumarle los problemas energéticos, que tienen un gran impacto en las fábricas y retrasan aún más la producción.
Agilidad
P.: La mayoría de las marcas no tiene fabricación propia. ¿Por qué es más rentable tercerizar la confección?
C.I.: Por una cuestión de costos y tiempo. Tener una fábrica propia requiere una gran inversión en mano de obra y maquinarias. En cambio, al tercerizar, uno se olvida de estos temas y puede trabajar con diferentes fábricas especialistas en distintas líneas, agilizando la producción.
P.: ¿Qué es lo que más buscan las empresas en el exterior?
C.I.: La materia prima de calidad. Oriente tiene bases y tinturas mejores, por ejemplo, los estampados y algunos géneros como el satén, que son difíciles de encontrar acá a precio razonable y con buena calidad. Europa tiene máquinas sofisticadas que producen a gran escala en poco tiempo. De hecho, a veces los trabajos que enviamos a producir allá tardan menos en venir a la Argentina que los que encargamos a proveedores locales.
P.: ¿Cuánto los afecta la inflación?
C.I.: Igual que a todas las empresas. La mano de obra se encareció muchísimo y también subió el precio de las telas. Nos pasa todo el tiempo: encargamos la confección de una prenda o accesorio y cuando nos lo entregan, el precio es mayor que el acordado porque todo aumenta todos los días. Debimos absorber parte de los costos y no trasladar la suba a los precios, por una cuestión de respeto a nuestros clientes y porque si los cobramos muy caro quedamos fuera del mercado.
P.: ¿Qué le preocupa de la coyuntura económica actual?
C.I.: La posibilidad de una recesión, que siempre viene a continuación de un proceso inflacionario. Nos preocupa en gran medida que la inflación siga avanzando y disminuya cada vez más la capacidad de consumo de la gente. También la falta de inversiones en la industria textil.
P.: ¿Cómo impacta en el sector el boom del turismo extranjero?
C.I: Muy positivamente. Los diseños locales son reconocidos a nivel mundial y los extranjeros consumen mucho la indumentaria argentina cuando llegan al país. Se sorprenden al ver prendas de calidad a precios para ellos tan bajos.
P.: ¿Qué opina de la incorporación del diseño de indumentaria al ámbito universitario?
C.I.: Es positivo. Antes el que quería dedicarse a este rubro debía ser autodidacta. Hoy los chicos egresan de las universidades con un buen nivel de conocimientos y buenas ideas. Pero de todas maneras, la experiencia sigue siendo crucial y eso lo adquieren trabajando.
P.: Cada año son más los chicos que ingresan a esa carrera; ¿hay en el mercado oportunidades para todos?
C.I.: Es difícil como en toda profesión. Se verifica un auge del diseño, muchas marcas nuevas, y la búsqueda de diseñadores es cada vez mayor. Lugar hay para todo aquel que tenga perseverancia, aunque la mayoría de los jóvenes egresan de las universidades con la idea de lanzarse solos a crear su propia firma de indumentaria. Pero esto es muy difícil de lograr.
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