Roberto Lavagna modificó ayer el pronóstico de crecimiento de la economía ubicándolo ahora en 6%. Con ese dato, medio por ciento por encima del nivel anterior, la Argentina llega a tener exactamente la mitad del PBI, en dólares, que ostentaba durante la convertibilidad. En abril se frenó la actividad, pero por los datos que hay de mayo, volvería a repuntar. Las estimaciones del ministro de Economía son razonables. Pero lamentablemente, si el país este año hubiera encarado con seriedad las reformas pendientes, podría haber mostrado un crecimiento del PBI de dos dígitos. Con un rápido acuerdo con acreedores, la inversión extranjera en el país se hubiera multiplicado. Hoy es casi nula, y lo que las empresas invierten en el país no alcanza para cubrir el envejecimiento del capital instalado. Pero la estrategia del gobierno hoy pasa por demorar todo lo que tenga algún costo político. Y, de esta manera, la economía está creciendo prácticamente por inercia y en función del precio de los commodities como la soja. Seguirá en ascenso el país, pero, como en la historia económica reciente, es muy vulnerable a repetir crisis.
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