Antes de pasar a buscar motivos (excusas dirían otros) con los cuales explicitar 0,55 por ciento que perdió ayer el Dow al cerrar en 11.406,2 puntos, debemos reconocer algo mucho más básico como es que si el mercado bajó, es porque hubo suficientes inversores que pensaron que estaba "caro" o, como suelen decir los que no gustan de usar palabras tan sencillas, sobrecomprado.
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Poco antes de la apertura, el Departamento de Trabajo dio a conocer uno de sus tantos datos ( normalmente) intrascendentes: que la productividad del segundo trimestre había crecido como esperaban los analistas, aunque el costo laboral unitario, más intrascendente que el anterior, superaba las previsiones (insistimos: son valores de hace tres meses).
Con el precio del petróleo siguiendo la línea descendente que inició hace un par de semanas (cerró en u$s 67,5 por barril) y las automotrices reafirmando su posición como el sector accionario de mayor suba en lo que va del año (Ford cambió su cúpula y GM extendió la garantía para sus vehículos), no había mucho más de donde "agarrarse" (mirando los gráficos, podemos ver que el Beige Book y el índice ISM que se conocieron más tarde no aportaron nada al vaivén del precio de las acciones), así que el costo laboral fue lo más usado para explicar lo inexplicable.
Desde ya que hubo otras noticias " desfavorables", pero cuesta pensar que porque algún analista le bajó el pulgar a Sandisk o porque Intel decidió despedir menos gente de la que algunos especulaban, el NASDAQ se vaya a derrumbar 1,72 por ciento. Pero bueno, así son las cosas.
Lo irónico es que, 48 horas atrás, el Dow marcó uno de los 10 valores (nominales) más altos de su historia; pero los ánimos no parecen reconocerlo (si bien creció, el volumen sigue bajo con apenas 1.400 millones de acciones en el NYSE). El costo del dinero pasando del máximo al mínimo quedó casi sin cambios en 4,801% anual.
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