Junio es para la tradición bursátil uno de los meses de rendimientos más positivos del año. Con cinco ruedas por delante es imprudente adelantarnos, pero con pérdidas que van de 4,21% que acumulan las empresas más pequeñas (Russell 2000) hasta 1,6% que ceden los gigantes de la economía norteamericana (Promedio Industrial), es claro que el mercado bursátil no anda de parabienes. El mes ha sido -hasta aquí- muy duro para casi todos los inversores. Tal vez, lo único que se dio como se esperaba fue la suba de tasas, aunque los 12 días consecutivos de inversión en la curva temporal han caído como un balde de agua fría. La quietud del petróleo (baja 0,63%), el desplome de los commodities ( encabezados por el oro, que cede 10,57%), la suba del dólar (3,82% ante el yen y 2,54% ante el euro) y el derrumbe de los mercados emergentes son factores adicionales que tampoco se esperaban que se comportaran de esta manera. De todas formas, y sin que esto sea un contrasentido, la última semana vimos un mercado que se movía casi como se esperaba, pero siguiendo más los impulsos "del corazón" que los de "la razón". Sin ningún elemento realmente destacable para justificar ni grandes bajas ni grandes subas, del mínimo del lunes al máximo del miércoles el Dow trepó más de 2,56%, lo que le sirvió de muy poco, ya merced a 0,27%, que perdió el viernes (al cerrar en 10.989,09 puntos) quedó 0,23% abajo en la semana. Hoy termina en Basilea el conciliábulo del BIS, que congregó a los directivos de los 100 bancos centrales más grandes del globo. Si bien no es un tema estrictamente bursátil, no hay que soslayar la importancia de esta reunión, especialmente cuando el inversor de bolsa más exitoso de todos los tiempos (Warren Buffet) estaría a punto de anunciar su retiro.
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