A horas de que empezara el fin de semana largo, las empresas eléctricas respiraban aliviadas ayer a la tarde. La temperatura en Capital Federal y Gran Buenos Aires se había mantenido en niveles moderados para la época del año, y no se había superado la cantidad de cortes que se considera habitual en redes eléctricas de la extensión que se registra en el área metropolitana.
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Hubo entre el miércoles a la noche y el jueves a la mañana dos fallas en distintas zonas de Belgrano que tuvieron rápida repercusión, y seguramente varios otros cortes que no trascendieron, pero no se llegó al colapso que gobierno y empresas temen cuando la temperatura máxima supera varios días 33° y en forma coincidente la mínima es mayor a 25°.
Expertos en el tema indican que en una red eléctrica tan extensa como la de Capital Federal y Gran Buenos Aires pueden esperarse como algo ordinario o habitual unas 6 o 7 interrupciones diarias en media tensión, cada una de las cuales implica que quedan fuera de servicio entre 1.000 y 3.000 clientes.
Al mismo tiempo suelen registrarse en un área como Capital y GBA unos 600 cortes en baja tensión, donde los afectados son a lo sumo 10 a 20 usuarios.
Pero cuando se habla de que las redes colapsan por el calor y por el uso de aire acondicionado es cuando hay entre 50 y 60 cortes de media tensión entre las dos operadoras del área metropolitana. Se estima que la última vez que ocurrió eso fue en dos o tres días alrededor del 20 de noviembre de 2005. En esa fecha saltaban al mismo tiempo manzanas enteras de Caballito, Belgrano, Barrio Norte y Lanús.
Lo cierto es que las empresas tienen una especie de gimnasia para el colapso. Primero intentan anticiparse a las fallas en los lugares donde la repercusión es más fuerte, como el micro y macrocentro, segundo, buscan prever cuándo puede empezar la movida y por último, afirman que están cada año mejor entrenadas en cuanto a personal y técnicas para acelerar la reparación.
Detrás de esos mecanismos, se admiten dos cosas: que el nivel de inversión decreció desde el congelamiento de las tarifas en 2002 y que el consumo de verano sobreexige a las redes por el calor y el uso de aire acondicionado (además de que las tarifas bajas en términos relativos no estimulan a ahorrar).
Considerando los pronósticos del tiempo para las próximas semanas, hay quienes creen que es posible que este año no haya colapso. Según esta opinión, la semana próxima habrá una máxima de 31° con mínimas moderadas, y ya entre jueves y viernes estaría bajando la temperatura.
Cautela
En la semana siguiente, el viernes 22 puede convertirse en un día parcialmente laborable, lo que ayudaría a manejar la demanda, y en la última semana del año habría un feriado y otro viernes todavía menos activo (sin bancos).
Desde una opinión más cautelosa, preocupa lo que puede ocurrir en la semana que empieza el lunes 18. Pero hay coincidencia en que con las fiestas el consumo baja un escalón, y después del 6 de enero vuelve a ceder, y recién empiezan los riesgos a mediados de febrero, cuando hay masivo regreso de las vacaciones.
Este análisis puede resultar válido para Capital y GBA; en el interior del país hay situaciones distintas con frecuentes cortes de luz en Santa Fe, Córdoba, Formosa, Chaco y Salta, porque las temperaturas son más altas y las redes sufren más descuido.