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Pero el titular de la Shell en el país, tras ésas y otras infidencias de la jerarquía oficial de Venezuela y la Argentina, se despachó con la terminante novedad: no hay nada en venta. Curioso: no causó demasiada alegría oficial que continuara una compañía con 90 años de historia en esta tierra.
Sorprendió además la declaración como emanada de la casa matriz, cuando -es medianamente público- la empresa todavía no zanjó algunas dificultades sobre valuación de activos, se ha retirado de algunas plazas y sus intereses de down stream en la Argentina no son esencialmente rentables. Por otra parte, era obvio que sus versiones en el país (también en Chile) no son ya estratégicas y la casa central planeaba concentrarse en el mercado asiático. ¿Qué ocurrió para que se suspendan las negociaciones y, sobre todo, para qué un mandatario y sus ministros, también altos funcionarios nacionales, quedaron expuestos como lenguaraces? También sorprendió que casi nadie se interesara por ahondar el tema y sus detalles, las razones finalmente del fracaso.
Shell negoció su salida del país y de la región con más de una empresa en Londres, y del mercado local primero con Repsol YPF (los españoles sólo querían comprar Chile, mientras la compañía ofrecía la venta del bloque sudamericano), también con Petrobras: en los dos casos, la principal traba era el futuro veto de la Secretaría de la Competencia que no permitiría mayor participación de mercado a españoles ni brasileños. En esa retirada regional, Shell habría firmado un acuerdo con sus propios distribuidores en Venezuela y de una venta en Perú y de activos menores en el Caribe (Martinica, Dominicana, El Salvador). En cambio, salirse de Brasil -donde la mayor parte de los petroleros el año pasado perdió dinero- es una complicación: Petrobras no desea comprar una red de estaciones de servicio localizadas casi con las propias y, como domina 90% de las refinerías, ¿para qué quedarse con una compañía que en verdad distribuye sus propios productos? Además, parece, el presidente Lula le advirtió a Shell que si se retiraban de un sector, también había que retirarse de otros. Allí también un gerente, con más claridad y anticipación, dijo que no se iban del país.
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