La Argentina subió diez puestos, al 107° lugar, en el ranking de libertad económica que preparan todos los años la Heritage Foundation y «The Wall Street Journal». Es un buen avance aunque leve, teniendo en cuenta que en 2000 el país se encontraba en la posición 17°. No debe haber sorpresas en la aún elevada calificación: la presión impositiva que una empresa o persona deben afrontar está en su máximo nivel; al dólar se lo mantiene alto artificialmente y se busca fijar los salarios por decreto. Todo lo que obviamente está muy lejos de lo que se considera óptimo en libertad económica.
• Lo que sucedió durante la crisis es que se violaron masivamente derechos de propiedad de la gente. Por ejemplo, personas privadas del derecho a acceder a los fondos que se ganó trabajando cambian las reglas de juego que regían a los bancos y las de los proveedores de servicios, entre otras. El tema es que esto sucedió en un marco mundial en el cual las economías están eliminando obstáculos y dinamizando las economías, por eso la competitividad que la Argentina pierde es mucho mayor que si en el mundo no pasara nada.
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