Sabemos que fue un excelente año para muchas casas de Bolsa en el mundo entero. También sabemos que Goldman Sachs fue la casa que más dinero ganó así que no debe sorprender que su máximo ejecutivo sea el mejor pagado durante 2006. Podríamos hablar de dinero y resultados, y con ello minimizar un poco la cosa. Pero cuando vemos que su emolumento por tan sólo seis meses de trabajo alcanza la friolera de 540 kilos en billetes de u$s 100, es claro que Wall Street no ha aprendido nada de los escándalos financieros de principios de este siglo, y se entiende por qué los mercados europeos y asiáticos se van quedando cada día con porciones más grandes de la torta financiera internacional. Afortunadamente -en el corto y mediano plazo-esto tiene poco que ver con el vaivén del precio de las acciones, especialmente en un momento en que cuesta identificar que noticias son capaces de quebrar la inercia (alcista) del mercado. Si bien no es una blue chip el papel que acaparó la mayor parte de los comentarios durante el miércoles es tal vez (junto con su principal competidor UPS) uno de los mejores termómetros sobre el verdadero estado de la economía minorista de los EE.UU. y el sentimiento de los consumidores/inversores.
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En otro momento que FedEx adelantara que sus ganancias del tercer trimestre vienen debajo de lo esperado por los analistas, hubiera enviado una ola de frío por la espalda de los inversores (el sector transportes viene a contramano del industrial, lo que según la teoría Dow más clásica prenuncia un mercado bajista), especialmente porque al mismo tiempo el precio del petróleo trepaba a u$s 63,73 por barril. Ayer, estos dos factores (esta vez el sector de la energía cerró en baja) apenas contribuyeron en algo a que el Dow quedara prácticamente neutro (un descenso de 0,06 por ciento no merece otra definición) en 12.463,87 puntos. Insistimos, por ahora, las noticias importan poco.
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