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La Ley 25.445, denominada Convertibilidad II y aprobada el 21 de junio del año pasado, establecía que el día que el euro se pusiera a la par o superara al dólar en el mercado de Londres, el peso comenzaría a fluctuar en relación con las dos monedas fuertes. En ese momento, el euro valía u$s 0,85 y nadie podía dar precisiones sobre cuándo sería ese día, y si efectivamente llegaría tal momento. La ley establecía que el mismo día en que el dólar y el euro se igualaran (lo que sucedió ayer), el presidente de la Nación debería emitir un decreto lanzando el nuevo sistema, como requisito para que la Convertibilidad II entrara en vigencia.
Pero las ambiciones de Cavallo de una salida ordenada de la convertibilidad a través de una canasta de monedas se desplomaron el 3 de diciembre de 2001, cuando ordenó bloquear el dinero depositado en los bancos («corralito»), lo que luego le costó su renuncia y la de todo el gobierno. El 6 de enero pasado, la ley se derogó, y el fin de la convertibilidad ampliada pasó inadvertido ya que fue también el fin de la convertibilidad y el comienzo de una nueva etapa cambiaria para el país.
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