Alvarez Gaiani, por su parte, defendió la industria alimentaria nacional y la aplicación de modificaciones genéticas a los cultivos: «No sólo rinden más sino que, además, son mucho menos proclives a ser afectados por las plagas. Los europeos nos reclaman, y con razón, que paguemos nuestra deuda. Pero ¿cómo hacemos para pagarles si no nos dejan venderles lo que producimos?». La discusión pinta de algún modo la irreductibilidad de las posiciones entre dos mundos opuestos, y la desigualdad de «musculatura» entre los países desarrollados y los productores de commodities.
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