En octubre próximo, para el segundo lugar, se proyectan En cambio no están -y esto desmoraliza «elegir» en octubre- en oposición de ideas sobre cómo desarrollar y proponerle metas de crecimiento al país, bajar el desempleo más allá del motor estatal, superar la crisis energética (aunque aquí la única posibilidad de fondo es invertir en exploración), eficientizar para hacer competitiva la producción, desanarquizar el gasto público, conducir la educación en función de las necesidades nacionales, reestructurar el Estado, reducir la pobreza. Ambos sectores creen -por eso son populistas de distinto signo- que gobernar es distribuir permanentemente.
Del actual gobierno no se conoce un plan económico o una política de inversiones en dos años de gestión. Del Duhalde provincial y del efímero Duhalde nacional no se conocieron nunca. Con aquel distribucionismo obnubilado el duhaldismo, eso sí, montó su «aparato político» con el cual subsiste y pelea.
En países emergentes, acuciados de insatisfacciones sociales, como el nuestro, durante períodos de bonanza económica es casi imposible derrotar electoralmente a cualquier populismo. Eso pasó hace justo un año con el venezolano Hugo Chávez y un plebiscito arrollador en su favor -le dio 60%- cuando el barril de petróleo estaba cerca de 60 dólares. Distinto hubiera sido en 30/34 dólares cuando la gente hubiera percibido la necesidad de políticas racionales.
Por lo mismo dos populismos son ahora las fuerzas predominantes en disputa en la Argentina para octubre, época en que las reservas superarán los 25.000 millones de dólares y se da el paradigma de que la
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