El Banco Central tuvo que vender más de u$s 200 millones para frenar el dólar, que subió 1 centavo, a $ 3,20 en las casas de cambio y a $ 3,18 en el mercado mayorista.
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El fuerte nivel de intervención de la entidad que preside Martín Redrado remite a épocas de crisis. La mesa del Central está funcionado a pleno. Sus operadores tienen experiencia, pero ninguna habilidad puede balancear la incertidumbre que plantean las elecciones y los efectos negativos que produce la manipulación del INDEC.
La primera lección que deja esta suba del dólar es que con tasas bajas, aunque sean a pedido de Néstor Kirchner, el público no ahorra y va al dólar. Y si no hay plazos fijos, no hay préstamos.
En las filas que había frente a las casas de cambio se dieron situaciones insólitas. Uno de los compradores que estaba esperando ser atendido le pidió un cigarrillo a un peatón. El que compraba dólares tenía ropa muy modesta y gastada. Tras el convite, vino la pregunta inevitable: «¿Usted compra dólares y no tiene plata para cigarrillos?». La respuesta fue obvia: «Yo, como varios de los que estamos acá, sólo ponemos el DNI, la plata es de otro». Con este artilugio, el verdadero comprador adquiere hasta 3 mil dólares y evita identificarse.
Las pizarras mostraban en la mañana el dólar a $ 3,20, pero enseguida cambiaron a $ 3,21 y una hora antes del cierre, a las 14, hubo algunas que no exhibieron los precios de venta.
Los arbolitos trabajaban a destajo. Tientan con propuestas más altas a los que quieren comprar dólares. Muchos de los arbolitos lo pagan más alto y lo venden igual que las casas de cambio. Pero no piden documentos. Pueden hacerlo porque no tienen costos operativos ni están sujetos a regímenes cambiarios.
En tanto, en las pantallas de los bancos, las de las mesas y las del Banco Central se libraba una desigual pulseada. Los que querían comprar dólares eran abrumadora mayoría frente a los vendedores. Al mediodía, los vendedores eran inexistentes, mientras en el «bid» (demanda) se veían pedidos de compra que pagaban precios cada vez más altos. Desde la mesa del Central decidieron colocar las primeras órdenes de venta para poblar el «offer» (oferta). Los compradores arrasaron con lo que la entidad ofreció. La estrategia del Central era jugar fuerte y doblaba las ofertas. Los privados seguían comprando, con el precio estabilizado en las alturas por la intervención del Central.
Así, entre el Forex-MAE, la plaza donde operan los bancos, y el MEC, donde se abastecen las casas de cambio, el Banco Central colocó u$s 200 millones para que el dólar cerrara a $ 3,18. El monto de negocios en el Forex-MAE fue muy alto: u$s 383 millones. En el MEC se hicieron u$s 185 millones. Es decir, en un día se operaron u$s 570 millones, una cifra que duplica los negocios de una rueda normal.
Pedida
Para hoy la divisa quedó muy pedida y puede seguir subiendo si el Central no interviene con la misma decisión que ayer. Hay órdenes de compra por más de u$s 50 millones y vendedores por apenas u$s 6 millones que piden $ 3,18 por dólar.
En el mercado de futuros subieron todos los fines de mes con contratos por u$s 130 millones de dólares en el Forex-OCT. A pesar de que el Central fue vendedor de divisas en casi todas las posiciones, el dólar subió. A fin de mes quedó en $ 3,1760 (+0,14%), mientras para el último día de noviembre cerró a $ 3,1910 (+0,20%) y fin de año vale $ 3,201 (+0,20%).
A Martín Redrado le esperan días de mucho trabajo para defender la divisa y acomodar la política monetaria. Que el dólar se calme no depende del gobierno, que inventó una economía donde la inflación no supera 10% anual, se les presta dinero a las pymes a 9% anual, al público a 12%, los inquilinos consiguen créditos hipotecarios a 8% anual a 20 años, se financian todas las compras con tarjetas de crédito a 12 meses sin intereses, las empresas invierten y las verduras cuestan unos pocos centavos de dólar por kilo.
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