Los productores deberán además sumar a sus costos los gastos estimados en u$s 900 millones para combatir el «óxido de la soja», que incrementan de u$s 3.600 millones a u$s 4.500 las pérdidas. Adicionalmente, otro factor relevante que enturbia «el boom de la soja», es la prohibición para seis empresas locales de vender la oleaginosa a China, el mayor demandante de soja brasileña. La decisión fue anunciada por el gobierno chino el lunes durante la visita del presidente Lula da Silva, y afecta a las compañías Bianchini, Cargill, Irmaos Trevisan, Noble Grain, ADM do Brasil y Dreyfus do Brasil.
El ministro de Agricultura brasileño, Roberto Rodrigues, que viajó con Lula a China, lamentó la noticia pero responsabilizó a las empresas, al considerar que «hubo mala fe, ganancia e inmediatismo».
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