Para el gobierno argentino, tanto China como Vietnam (en la foto, su presidente, Tran Duc Luong, junto con Kirchner) son economías de mercado. Esto significa que las relaciones comerciales con esos países -que poseen mano de obra casi gratuita y cuyas empresas son, en su mayoría, de capital estatal, o sea que no son reales economías de mercado- se regirán según los convenios de la Organización Mundial de Comercio (OMC). La industria local, que no puede ya con Brasil, no tendrá forma de competir contra los costos orientales, y por eso ahora Kirchner propone decretos proteccionistas para los rubros más significativos (supuestamente avalados por la famosa «cláusula secreta»). El problema es que, si se los admite como economías de mercado, no se pueden aplicar decretos contrarios a la legislación de la OMC. Con la solución planteada desde el gobierno, la Argentina podrá ser demandada por los dos países asiáticos y estará sujeta a sanciones comerciales. La esperanza radica en que China acepte las trabas sin recurrir a la OMC. Fue el compromiso, sólo verbal, en el encuentro Kirchner-Jintao.
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