En realidad, la gran apuesta es que esta herramienta les sirva a las PyMEs proveedoras de hipermercados o grandes empresas. La idea es que cuando una empresa difiera el pago de una transacción esté obligada a recibir una factura de crédito, emitiendo un recibo que la firma proveedora podrá utilizar para acceder a préstamos o entregar a un banco para que se encargue de su cobro, en la modalidad «factoring».
Más moderados, otros grandes comercios directamente les adelantaron a sus clientes que no emitan la factura y que, en cambio, les darán un cheque de pago diferido cuando reciban la mercadería. Pero últimamente también estos cheques están provocando serios dolores de cabeza a los proveedores, porque el grado de aceptación ha disminuido significativamente y su utilidad para pagar a otros proveedores ha mermado.
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