Un remate semanal que contenía sus serios condicionamientos para el índice local, en virtud del «sainete» conocido entre campo vs. gobierno, que acapara la atención pública. Y debe ser motivo de todo comentario -crítico- en el exterior, sin imaginar quizá sus protagonistas el daño que se le causa a un país necesitado de atraer y no de espantar inversores.
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Quedaba la última rueda y el Dow Jones se arrastró por el trayecto, sin mostrar más actitud y señal de vida que un porcentual inexpresivo, prácticamente neutro. A cambio, el indicador brasileño prosiguió fogoneando sus alzas y pudo fijar una muy suculenta diferencia de 1,8%. Buenos Aires pareció hacer caso omiso del Dow y se adhirió al índice de Brasil: si bien desde lejos.
Un mínimo de 2.122 puntos, alcanzando máximo de 2.138 y con un cierre en los 2.137: vale decir, muy pegado a la cota mayor que presentó la jornada, deparando una diferencia de 0,70%. Módica, pero positiva. Y a juzgar por los lógicos temores del contexto, puede considerarse de buen nivel y superior al simple número.
Y buen volumen
Algo que reforzó la sensación positiva del día provino de un cúmulo de órdenes interesantes. Hasta hacer $ 135 millones de efectivo y volviendo a sostener en estos días un buen flujo en acciones. Otra buena señal que se puede resaltar es el número de alzas del viernes, 68, más del doble que las bajas -sólo 32- y que hace hincapié en muchos papeles de menor mercado, que se movieron de una forma atractiva. Y para la semana: buen rumbo del Bovespa, que superó 4% de mejora en el período. El Dow extrajo algún partido en forma de repunte, con 1,9% de aumento. Y cerrando el cotejo, el índice Merval que se mostró más módico, apenas con 1% de aumento, aunque siempre cargando en su mochila con atenuantes de situación interna (con incertidumbres de la comunidad financiera y movimientos de capitales de tono nervioso). Salió a flote nuestro recinto, apenas con la cabeza, pero podía también haberse ahogado en tales condiciones. Y la Bolsa, lo pondera.
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