La competencia desleal crece a un ritmo acelerado desde que el Gobierno decidió eliminar barreras de calidad y controles aduaneros. El sector textil es un caso testigo. Un informe privado al que pudo acceder Ámbitomarca que el 76% de las importaciones de la cadena de valor se subfacturaron. El trabajo, realizado en base a datos oficiales, muestra casos llamativos, casi bizarros, como el de una empresa que importa remeras a u$s0,01, es decir unos $14. La maniobra se da en medio de la crisis del sector manufacturero, que volvió a caer en febrero y no encuentra piso.
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El reclamo industrial de “equilibrar la cancha” no tiene eco dentro del Gobierno, que se muestra pragmático para intervenir en el precio de los combustibles ante la escalada internacional o a la hora de pisar el tipo de cambio para mostrar un mejor resultado en materia de inflación, pero actúa de forma inflexible frente a las pruebas más evidentes de competencia desleal.
La apertura comercial es un pilar de la política del presidente Javier Milei y pareciera no haber ningún reparo ante sus consecuencias. El Gobierno no actúa ni siquiera ante los casos más obscenos de subfacturación, que según los industriales se aceleraron desde el desmantelamiento de los controles aduaneros y se hicieron transversales a prácticamente todos los sectores.
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La cadena de valor textil es un caso testigo. Un estudio privado realizado en base a información oficial muestra que el 50% de las operaciones se hicieron bajo subfacturación de importaciones. El dato es aún más contundente cuando se las mide por peso: el 76% de los kilos se declararon a costos sensiblemente más bajos que los de mercado y que los que se habían considerado apenas dos años atrás.
Remeras importadas a $14
El informe tiene un desagregado por eslabón: en el caso de las materias primas la subfacturación alcanza al 75%, en hilados es del 81%, en tejidos planos del 74%, en el caso de tejidos de punto escala hasta el 93%, en confecciones51% y en prendas es del 67%. Son unos 330 millones de kilos subfacturados en la cadena de valor.
Los datos son elocuentes. Abrigos de fibra sintética cuya importación se declaraba entre 2023 y 2024 a u$s11,84, ahora se registran a u$s2; prendas de algodón que se traían a u$s21 ahora se declaran a u$s1. Hasta hay casos de remeras registradas a u$s0,01, unos $14 de hoy. Los casos a los que tuvo acceso Ámbito son miles, pero no alcanzarían los caracteres para detallarlos todos.
“Puede haber márgenes de facturación discutibles, pero decir que importaste una remera a $14 no es ni siquiera verosímil”, consignó un trabajador aduanero a este medio. Un exfuncionario de mucho recorrido en la institución explicó que la anomalía se produce fundamentalmente por la decisión del Gobierno de eliminar los valores criterio que establecen un umbral mínimo.
Efecto fiscal y productivo
Las empresas que subfacturan importaciones se ahorran el grueso del pago de percepción de IVA, Ganancias y derechos de importación. La maniobra tiene impacto en el plano fiscal. Los derechos de importación y la tasa estadística fueron el segundo ítem de mayor caída en la recaudación de marzo. Sufrieron un desplome interanual del 17,3%, solo superados por los derechos de exportación.
Por la caída en los ingresos públicos, el Gobierno tiene que realizar una nueva ronda de ajustes que impacta sobre sectores sensibles como la salud, la educación y las personas con discapacidad. Tiene además un efecto concreto en la actividad: los economistas anticipan un retroceso en el estimador mensual de actividad económica de febrero (para Fererres la caída fue de 2,9% anual y de 0,5% mensual).
El ingreso de mercadería declarada a valores irrisorios genera una competencia desleal para la industria, que afronta una crisis aguda. Según datos de la Unión Industrial Argentina (UIA), la actividad sectorial cayó 3% interanual en febrero y acumula así ocho meses consecutivos de retroceso en la comparación con 2025.
El contrabando y la subfacturación de importaciones profundizan el daño de la falta de competitividad sistémica: costo de financiamiento, infraestructura deficiente y tipo de cambio apreciado. Sigue siendo una de las principales preocupaciones para los empresarios, no para el Gobierno: “Lo hemos planteado, pero lo cierto es que en Economía no le prestan demasiada atención a estas cuestiones”, advirtió un industrial a Ámbito.
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