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26 de marzo 2008 - 00:00

Se complicó todo con el campo. País cortado

• Cristina atacó al sector, le hizo reproches y dijo que no retrocederá con las medidas. Discurso irritante que tronó como una provocación.

• Réplica instantánea y enardecida de productores: habrá más paro por tiempo indeterminado y dispusieron cortes de accesos a la Capital.

• Saldo nervioso, tensión en las rutas y piquetes, surgen voces para propiciar un diálogo sin condiciones. Sería una concesión del gobierno.

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Nunca un discurso, por lo menos en los últimos años, generó tamaño disgusto. Las palabras de Cristina de Kirchner, aguardadas desde hacía varias jornadas -ya que mantiene, como su esposo, un abrupto silencio y distancia frente a las crisis ( recordar Cromañón)-, exaltaron las peores pasiones del agro. Y no porque le faltara razón (le fue bien al campo, mejoraron su situación, al igual que los Kirchner), sino por el tono y la forma, esa característica desafiante, perpetua, que degrada hasta a las víctimas que ahorraron en pesos y en los bancos que operaban en la Argentina en 200l. ¿Y esa disminución sólo vale porque el matrimonio, en esos tiempos, había colocado sus inversiones en el exterior? Ni hablar de las otras ofensas a los productores con sus presuntas 4x4, igual que las declaradas por el marido de la Presidente en su haber; la referida a la abundancia, a que paranporque quieren ganar más y no por trabajo (argumento de última hora), como si la única razón para protestar fuera para conseguir un conchabo. Infeliz o no, el mensaje cayó indigesto para quienes aguardaban una esperanza para sus demandas. Desde la protesta, pero esperando. Desde el poder, más bien, llegó un desafío; siempre debe recordarse que el autor del desafío nunca está en el poder. Se multiplicaron los piquetes, se decretó huelga por tiempo indeterminado, los insultos escuchados por radio y TV fueron memorables, tanto para el hombre como para la mujer, aunque especializados en ella. Un cacerolazo del campo -luego sobrevendría el urbano, lo que no imaginaba ni el más preciado de los astutos-, exaltado y protagonizado, según lo que uno puede ver en cortes y piquetes, por dirigentes desdentados, modestos, reclamantes de mínimas condiciones de vida, no pertenecientes al maravilloso mundo del agro millonario que se plantea desde el gobierno. Más, se diría que esas figuras de protesta, deberían figurar en el mapa propio del kirchnerismo. Al menos, así lo imagina una primaria observación política: sin embargo, no todo lo que parece, finalmente es. Resumiendo: la fotografía de los reclamantes es de inferior situación social que los camioneros que pensaban reprimirlos o los piqueteros que viven en la nómina del Estado. Y ellos le imputan demagogia, mentiras e ignorancia a la Administración de la señora Kirchner, la cual -está claro- no tiene como sus asesores la menor idea de lo que ocurre en el campo. De ahí su generalizada y hasta incompetente decisión de uniformar el aumento de las retenciones. Esos no pudientes cuestionan a Cristina, también a gobernadores (no perdonan a Binner, menos a Reutemann, por ejemplo), desprecian la acomodaticia actitud de terratenientes como Grobocopatel, Elsztain o Perez Companc, repudian a la burocracia matonera de Hugo Moyano. Nunca podría el gobierno imaginar que ese tipo de gente estuviera en su contra. Mientras, se acentúan los faltantes de alimentos en supermercados, se agota el stock de carne, también las industrias manifiestan carencia de insumos. La sintomatología kirchnerista para enfrentar esta huelga indica: no abdicar de las medidas ya tomadas porque abriría compuertas para otros reclamos, con lo cual la autoridad del gobierno quedaría resentida para siempre. Casi un principio machista, impensado para la señora Cristina.

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Segundo dato: ingresar a una discusión dialéctica sobre quien se niega al diálogo, la protesta como señal de violencia -si es por tiempo indeterminado va contra la democracia, será el amparo-, y la amenaza de que otras fuerzas no deseadas (siempre Moyano o los piqueteros) podrían neutralizar a los golpes la movilización del campo. Se requieren otros argumentos, la canción es la misma desde que empezó la era Kirchner, no será que "el cambio recien comienza" se vuelve una obligación de subsistencia.

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